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viernes, 13 de abril de 2012

CELIA AMORÓS: ¿HAY UN ECOFEMINISMO CRÍTICO?

¿HAY UN ECOFEMINISMO CRÍTICO?
Por CELIA AMORÓS

¿Qué es el ecofeminismo? El término sugiere ya de por sí una relación entre el movimiento ecologista y el feminismo. ¿De qué naturaleza es una relación tal? Hay quienes la establecen en base a que existiría un isomorfismo entre la dominación de las féminas por los varones y la opresión del mundo natural por la especie humana. Una vez más nos topamos con la ecuación mujer=madre naturaleza. Falsa ecuación donde las haya: las mujeres pertenecemos de pleno derecho al ámbito de lo humano. Y falsa también en tanto que se constata empíricamente que entre ambas dominaciones (varón-mujer, varón-naturaleza) no existe una relación isomórfica. Se puede verificar que muchos pueblos indígenas que oprimen a las mujeres dispensan un trato exquisito a la naturaleza (los bororo de Brasil serían un ejemplo de ello) y otros, que no maltratan a las féminas especialmente, no dispensan a la naturaleza (animales, mundo vegetal) un trato precisamente exquisito. En este terreno solamente nos podemos atener a la empiria si no queremos caer en falaces generalizaciones ideológicas.

Hay una razón mucho más seria y mejor fundada para dar cuenta de la alianza entre un amplio y significativo sector del movimiento feminista y otro compuesto por los varones no misóginos que no nos mandan con tonos paternalistas “a remendar la capa de ozono”. Esta razón tiene que ver, mejor dicho, se identifica con el pensamiento crítico mismo. Quienes quieren mujeres emancipadas desde los presupuestos que en su día constituyeron la Ilustración europea del siglo XVIII –y lo que en otra parte hemos llamado “vetas de Ilustración”- aspiran a respirar en una naturaleza donde los animales no humanos no sufran, vivan con dignidad (la polémica de los derechos de los seres vivos no humanos es demasiado compleja para abordarla aquí) y su ser no se agota en función de lo que significa el “antropos”. Por aquí sí percibiríamos un pertinente engarce conceptual entre feminismo y ecologismo. El feminismo es antiandrocéntrico: es esta una de sus características definitorias. Redefine el mundo liberándolo de ese sesgo sexista que todo lo empobrece y lo distorsiona, como si solo hubiera que convalidar la mirada del varón. Análogamente, no solo se debe legitimar la apreciación del mundo de los humanos, en sentido genérico: del anthropos, como lo llamaban los griegos (si bien haciendo trampa y solapando su sentido con el de aner, que significa varón). Las otras especies tienen interesantes percepciones que aportar y que debemos integrar para no tener un mundo que se cree solemnemente antropocéntrico y, desde una perspectiva no sesgada viene a ser, simplemente, paleto.

Solo nos liberará de la perspectiva paleta un ecologismo crítico, como el que pide y articula en Ecofeminismo. Para otro mundo posible Alicia Puleo. Lejos de los naturalismos dogmáticos de la Deep Ecology y de sus hipóstasis y el biocentrismo, por razones al menos tan legítimas como las de los que sustentan estas posiciones, nos alineamos aquí con lo que podemos considerar –no podemos argumentarlo ahora- un ecologismo crítico. Crítico remite a Ilustración, y es significativo en este sentido que Puleo sitúe el ecofeminismo, junto con el feminismo, como “la otra Ilustración olvidada”. Han tenido que descubrir y recuperar las investigadoras feministas figuras como Poullain de la Barre, Mary Wollstonecraft, Olympe de Gouges –por limitarnos a algunas de las más señeras y que entendieron que Las Luces, como lo afirma Cristina Molina, tenían vocación universalizadora y a todos-todas debían iluminar. Pero Puleo descubre que no es esta la única franja amnésica de la Ilustración: en la misma época “nació una nueva sensibilidad con respecto a la naturaleza”. Hay que recordar que, especialmente en el círculo de los radicales ingleses en que tuvo lugar la recepción de la Revolución Francesa, se desarrolló una especial sensibilidad para con los animales, y que las mujeres destacaron especialmente en este sentido: rechazaron la teoría cartesiana del animal-máquina así como las prácticas crueles que con ella se relacionaban. Tenemos así otro registro crítico de la Ilustración, con sus afinidades electivas con el feminismo y su común destino a ser arrojado al río Ameles de La República de Platón.

Entre la militancia ecologista predominan las féminas sobre los varones. Y no es de extrañar. Por ejemplo, las mujeres son sujetos más vulnerables que los varones a la contaminación. Una muestra: los derivados del petróleo usados en la agricultura tienen una composición química similar a la de los estrógenos, vinculados al aumento de la incidencia del cáncer de mama. La tala de bosques por parte de las multinacionales las obliga a buscar la leña a gran distancia de sus casas, cuando antes disponían de ella a mano. La calidad de vida de las mujeres se ha deteriorado, y tan sólo este hecho justificaría ya la existencia del ecofeminismo. En el contexto de la crisis del neoliberalismo financiero hay que unir todos los frentes.


Ecofeminismo. Para otro mundo posible. Alicia Puleo. Ediciones Cátedra / Universidad de Valencia / Instituto de la Mujer. Madrid, 2011.

Artículo publicado en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS el 31 de marzo de 2012.



miércoles, 26 de noviembre de 2008

CELIA AMORÓS: HACIA UNA CRÍTICA DE LA RAZÓN PATRIARCAL

Si la estructura de la familia es tan plástica y adaptable como para ser compatible con este programa: abolición de los roles esenciales –así como de sus juegos invertidos, en todas sus combinaciones adefésicas que hacen de la crisis de los géneros un carnaval de los roles-, de la división del trabajo y de la diferenciación de los proyectos vitales en función del sexo –entre otras cosas-, si a lo que resultara de su problemática realización se le debería llamar o no familia no nos preocupa fundamentalmente, si bien nos tememos que la familia tendería a perpetuar de algún modo los roles sexuales. Pero no se trata tanto de si el amor y la familia están hechos o no el uno para el otro, como de que ninguno de los dos parecen estar hechos para la emancipación de la mujer y para la construcción de una sociedad de individuos, no de extraños apaños de partes masculinas y femeninas, escombros de esencias resultantes de la demolición a medias del sistema género-sexo y que carecen de sentido.
Quizás el drama del amor se parece bastante al de la ética. En una sociedad sin violencia, en la que imperara el reino kantiano del reconocimiento de los otros como fines, sería posible en la medida en que no sería ya necesaria. En una sociedad como la nuestra es necesaria pero no es posible. El amor, en una sociedad en que la diferencia de sexo no implicara hegemonía ni poder sería posible, pero ya no sería necesario (al menos, en la forma en que lo conocemos y lo vivimos). En nuestra sociedad nos es necesario, pero no es posible. No obstante, hay que ser éticos como se pueda y de algún modo seguir amando.

AMORÓS, Celia, Hacia una crítica de la razón patriarcal, Barcelona, Anthropos, 1991, ISBN: 84-7658-300-1, 331 pp., págs.: 211 y 212.