jueves, 27 de noviembre de 2008

ISABEL ÁLVAREZ DE TOLEDO: LA HUELGA

Juan descendió de la cama procurando no despertar al Fernando. Era temprano para los que iban a la escuela. Se acercó a la puerta, andando sobre la punta de los pies. La humedad del terrizo le molestaba. Abrió, comprobando que el tiempo había cambiado. Las losas del patinillo estaban secas y el muro en ruinas no rezumaba agua. La tierra tapia, se desprendió durante el invierno, seguía allí, amarilleando entre manchones de cal.
(…)- Sí, hijo. Tienes razón…
El P. Demetrio fijó los ojos en el crucifijo que adornaba la pared.
-Todo esto puede resumirse en una frase: el mundo, ¡nuestro pobre mundo!, ha perdido la humildad.

París-Fuenterrabía-Sanlúcar. 1964.

ÁLVAREZ DE TOLEDO, Isabel, La huelga, Buenos Aires, Schapire Editor S.R.L., 1974, 285 pp., Págs.: 7 y 285.

VIRGINIA WOOLF: UNA HABITACIÓN PROPIA

Os he dicho durante el transcurso de esta conferencia que Shakespeare tenía una hermana; pero no busquéis su nombre en la vida del poeta escrita por Sir Sydney Lee. Murió joven… y, ay, jamás escribió una palabra. Se halla enterrada en un lugar donde ahora paran los autobuses, frente al “Elephant and Castle”. Ahora bien, yo creo que esta poetisa que jamás escribió una palabra y se halla enterrada en esta encrucijada vive todavía. Vive en vosotras y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama. Pero vive; porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne. Esta oportunidad, creo yo, pronto tendréis el poder de ofrecérsela a esta poetisa. Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo –me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos- y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde un punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debería limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas, como su hermano hizo antes que ella, nacerá. En cuanto a que venga si nosotras no nos preparamos, no nos esforzamos, si no estamos decididas a que, cuando haya vuelto a nacer, pueda vivir y escribir su poesía, esto no lo podemos esperar, porque es imposible. Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.

WOOLF, Virginia, Una habitación propia, Barcelona, Seix Barral, 1989, ISBN: 84-322-3038-3, 157 pp., págs.: 155-7.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

ALEJANDRA PIZARNIK: EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA

Vértigos o contemplación de algo que termina

Esta lila se deshoja.
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.


Estar

Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.

No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.

Signos en los muros
narran la bella lejanía.

(Haz que no muera
sin volver a verte.)

Continuidad

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas
tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero
quién habla en la habitación llena de ojos. Quién den-
tellea con una boca de papel. Nombres que vienen,
sombras con máscaras. Cúrame del vacío –dije. (La
luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuan-
do me encontré diciendo: soy yo) Cúrame –dije.


PIZARNIK, Alejandra, Extracción de la piedra de la locura, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1968, pp.: 12, 32 y 35.

CONCHA ZARDOYA: ALTAMOR 1986

NO PRETENDAS SABER

No pretendas saber, memoria mía,
aquello que aprendiste al ir subiendo
por tu vieja escalera… Sin peldaños,
en el desván se apoya y va a caerse.

Con su esponja el olvido va borrando
las cifras que escribías en pizarra,
en el azul cuaderno o en mi frente,
en la piel y en la sangre: viejos signos…

No he de responderte si preguntas
los actos y las fechas que inscribiste
con roja tiza, surco de la pena…
La hora del amor ¿cómo sonaba?

Ahonda tú, si quieres, en la mina
que guarda el ser cansado: ha de irse
por la oscura corriente al nuevo puerto
que no han visto sus ojos todavía.


ZARDOYA, Concha, Altamor 1986, Madrid, Endimión/Ayuso, 1986, ISBN: 84-336-0261-6, 98 pp., pág.: 38.



MIGUEL DE UNAMUNO: POESÍAS ESCOGIDAS

ALDEBARÁN

Rubí encendido en la divina frente,
Aldebarán,
lumbrera de misterio.
Perla de luz en sangre,
¿cuántos días de Dios viste a la tierra
mota de polvo
rodar por los vacíos
rodar la tierra?
¿Viste brotar al sol recién nacido?
¿Le viste acaso, cual diamante en fuego,
soltarse del anillo
que fue este nuestro coro de planetas
que hoy rondan en su torno,
de su lumbre al abrigo,
como a la vista de su madre juegan,
pendientes de sus ojos,
confiados los hijos?
¿Eres un ojo del Señor en vela,
aunque siempre despierto,
un ojo escudriñando las tinieblas
y contando los mundos
de su rebaño?
¿Le falta acaso alguno?
¿O alguno le ha nacido?
Y más allá de todo lo visible,
¿qué es lo que hay del otro lado del espacio?
Allende el infinito,
di, Aldebarán, ¿qué resta?
¿Dónde acaban los mundos?
¿Todos van en silencio, solitarios,
sin una vez juntarse;
todos se miran a través del cielo
y siguen, siguen,
cada cual solitario en un sendero?
¿No anhelas, di, juntarte tú con Sirio
y besarle en la frente?
¿Es que el Señor un día
en un redil no ha de juntar a todas
las celestes estrellas?
¿No hará de todas ellas
una rosa de luz para su pecho?
¿Qué amores imposibles
guarda el abismo?
¿Qué mensajes de anhelos seculares
trasmiten los cometas?
¿Sois hermandad? ¿Te duele,
dime, el dolor de Sirio,
Aldebarán?
Si es tu alma lo que irradia con tu lumbre,
lo que irradia, ¿es amor?
¿Es tu vida secreto?
¿O no quieres decir nada en la frente
del tenebroso Dios?
¿Eres adorno y nada más que en ella
para propio recreo se colgara?
……………………………
¿Siempre, solo, perdido en lo infinito,
Aldebarán,
perdido en la infinita muchedumbre
de solitarios…
sin hermandad?
¿O sois una familia que se entiende,
que se mira los ojos,
que se cambia pesares y sentires
en lo infinito?
¿Os une acaso algún común deseo?
Como tu haz nos llega, dulce estrella,
dulce y terrible,
¿no nos llega de tu alma el soplo acaso,
Aldebarán?
Aldebarán, Aldebarán ardiente,
el pecho del espacio,
di, ¿no es regazo vivo,
regazo palpitante de misterio?
¡Tú sigues a las Pléyades
siglos de siglos,
Aldebarán,
y siempre el mismo trecho te mantienen!
Estos mismos lucientes jeroglíficos
que la mano de Dios trazó en el cielo
vio el primer hombre,
y siempre indescifrables,
ruedan en torno a nuestra pobre tierra.
Su fijidez que salva
el cambiar de los siglos agorero
es nuestro lazo de quietud, cadena
de permanencia augusta;
símbolo del anhelo permanente
de la sed de verdad nunca saciado
nos son esas figuras que no cambian,
Aldebarán.
De vosotros, celestes jeroglíficos,
en que el enigma universal se encierra,
cuelgan por siglos
los sueños seculares;
de vosotros descienden las leyendas
brumosas, estelares,
que cual ocultas hebras
al hombre cavernario nos enlazan.
Él, en la noche de tormenta y hambre,
te vio, rubí impasible,
Aldebarán,
y loco, alguna vez, con su ojo en sangre,
te vio al morir,
sangriento ojo del cielo,
ojo de Dios,
¡Aldebarán!
¿Y cuando tú te mueras?
¿Cuando tu luz al cabo
se derrita una vez en las tinieblas?
¿Cuando frío y oscuro
el espacio sudario
ruedes sin fin y para fin ninguno?
Este techo nocturno de la tierra
bordado con enigmas,
esta estrellada tela
de nuestra pobre tienda de campaña,
¿es la misma que un día vio este polvo
que hoy huellan nuestras plantas
cuando en humanas frentes
fraguó vivientes ojos?
¡Hoy se alza en remolino
cuando el aire lo azota
y ayer fue pechos respirando vida!
Y ese polvo de estrellas,
ese arenal redondo
sobre que rueda el mar de las tinieblas,
¿no fue también un cuerpo soberano,
sede no fue de un alma,
Aldebarán?
¿No lo es aún hoy, Aldebarán ardiente?
¿No eres acaso, estrella misteriosa,
gota de sangre viva
en las venas de Dios?
¿No es su cuerpo el espacio tenebroso?
Y cuando tú te mueras,
¿qué hará de ti ese cuerpo?
¿A dónde Dios, por su salud luchando,
te habrá de segregar, estrella muerta,
Aldebarán?
¿A qué tremendo muladar de mundos?
………………………
¡Sobre mi tumba, Aldebarán, derrama
tu luz de sangre,
y si un día volvemos a la Tierra,
te encuentre inmoble, Aldebarán, callando
del eterno misterio de palabra!
¡Si la verdad Suprema nos ciñese
volveríamos todos a la nada!
De eternidad es tu silencio prenda.
¡Aldebarán!
Pobre Miguel, tus hijos de silencio,
aquellos en que diste tus entrañas
van en silencio y solos
pasando por delante de las casas,
mas sin entrar en ellas,
pues los miran pasar como si fuesen
mendigos que molestan, no los llaman;
y aquellos adoptivos, de bullanga,
sin padre conocido,
aquellos que arrancados a la masa
les prestaste tu nombre,
éstos son con aplauso y algazara
recibidos; son éstos
los que tu nombre llevan, traen y exaltan.
¡Cómo ha de ser!... Son suyos,
de los que así los miman, de su raza,
en ellos reconocen algo propio,
los engendraron ellos mismos. Nada
debe, pues, extrañarte los festejen;
son sus padres. Aguarda
para tus propios hijos mejor tiempo,
déjalos al mañana.
Las ideas expósitas hoy triunfan,
ellas llevan tu fama;
obra de caridad fue darles nombre,
¡buen provecho les haga!
Pero tus pobres hijos de silencio,
los propios de tu alma,
los de limpio linaje y noble alcurnia,
los que eran tu esperanza,
¡ay, Miguel!, mírales que van perdidos,
¿qué será que les falta?
Pero no, déjalos; cuando los otros,
los expósitos, vuelvan a la masa,
los tuyos surgirán limpios y enteros,
¡ellos solos se bastan!
…………………………….
Cuando después que entrego al público un escrito
de esos que al punto con deleite traga
por haberlo sacado del puchero
que guarda su bazofia cotidiana,
viene un amigo el parabién a darme,
me esfuerzo por ponerle buena cara
-¿es que voy a pegarle
si acaso su intención es muy honrada?
¡Oh, la amistad, nuestro mayor consuelo!-
le doy, ¡claro!, las gracias
y me quedo pensando:
hay que aceptar la vida… ¡a lo que caiga!


UNAMUNO, Miguel de, Poesías escogidas, Buenos Aires, Losada, 1972, 185 pp., págs.: 114-120.



AMELIA VALCÁRCEL: REBELDES. HACIA LA PARIDAD

Hemos dejado atrás el mundo de las hormas, aunque sus restos todavía nos rodeen. Pero la situación es tal que lo posible para una sola, volver a ellas y a su triste confort, no es posible para el conjunto, ni siquiera aunque éste tuviera una voluntad – que no tiene- de hacerlo. La dinámica de la libertad y el poder de las mujeres es objetiva. No estoy apelando al viejo y caduco motor de la historia, sino que me refiero a cosas sencillas y de sentido común: nadie en particular dirige este proceso y tampoco nadie puede pararlo. Compromete demasiadas expectativas y demasiadas voluntades operantes. Incide en todas las instancias y temas relevantes, desde los procesos productivos a los retos medioambientales. Es una transvaloración de tal calibre que no podemos conocer todas sus consecuencias. Cada uno de sus efectos puntuales, ya sea la baja en la tasa de natalidad, la despenalización social de la homofilia, la transformación industrial, la sociedad del bienestar, la organización del trabajo… no puede ser tomado como definitivo, porque no nos consta que lo sea realmente.
Lo que sí sabemos hacer medianamente bien es señalar los obstáculos que en esa larga marcha van apareciendo. Por eso el feminismo, al lado de su carácter explicativo, conserva necesariamente su aliento ético y político: es un primado de las aboliciones. La libertad es un bien en sí mismo, que no puede ser puesto en cuestión ni hacer que dependa de otro criterio superior a él. Todo lo que la merma o la falsea debe ser removido.




VALCÁRCEL, Amelia; Rebeldes. Hacia la paridad, Barcelona, Plaza & Janés, 2000, ISBN: 84-01-37684-X, 174 pp., págs.: 165-166.

CELIA AMORÓS: HACIA UNA CRÍTICA DE LA RAZÓN PATRIARCAL

Si la estructura de la familia es tan plástica y adaptable como para ser compatible con este programa: abolición de los roles esenciales –así como de sus juegos invertidos, en todas sus combinaciones adefésicas que hacen de la crisis de los géneros un carnaval de los roles-, de la división del trabajo y de la diferenciación de los proyectos vitales en función del sexo –entre otras cosas-, si a lo que resultara de su problemática realización se le debería llamar o no familia no nos preocupa fundamentalmente, si bien nos tememos que la familia tendería a perpetuar de algún modo los roles sexuales. Pero no se trata tanto de si el amor y la familia están hechos o no el uno para el otro, como de que ninguno de los dos parecen estar hechos para la emancipación de la mujer y para la construcción de una sociedad de individuos, no de extraños apaños de partes masculinas y femeninas, escombros de esencias resultantes de la demolición a medias del sistema género-sexo y que carecen de sentido.
Quizás el drama del amor se parece bastante al de la ética. En una sociedad sin violencia, en la que imperara el reino kantiano del reconocimiento de los otros como fines, sería posible en la medida en que no sería ya necesaria. En una sociedad como la nuestra es necesaria pero no es posible. El amor, en una sociedad en que la diferencia de sexo no implicara hegemonía ni poder sería posible, pero ya no sería necesario (al menos, en la forma en que lo conocemos y lo vivimos). En nuestra sociedad nos es necesario, pero no es posible. No obstante, hay que ser éticos como se pueda y de algún modo seguir amando.

AMORÓS, Celia, Hacia una crítica de la razón patriarcal, Barcelona, Anthropos, 1991, ISBN: 84-7658-300-1, 331 pp., págs.: 211 y 212.


ANTONIO MACHADO: POESÍAS COMPLETAS

(Parábolas)

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!

MACHADO, Antonio, Poesías completas, Madrid, Espasa Calpe, 1988, ISBN: 84-239-3830-1, XXIII + 1032 pp., págs.: 582 y 583.


MARÍA MERCÈ MARÇAL: ANTOLOGÍA

Si nos añadimos tú y yo, pieza a pieza,
como una encajadura viviente, dos figuras
se perfilan completas, contundentes:
una de ellas se erige sólidamente, segura,
con los atributos de la mujer completa
y como ella, también, sin solución herida.
La otra surge, poco hábil, de un pasado
desconocido,
se bosqueja como un gesto vacilante, avanza
dando traspiés, tienta caminos no transitados,
se pierde y se encuentra, habla sin lengua…
Y, así, cada una, por separado, nos une
y nos hace indistintas –mitad junto a mitad-
entre ellas luchan sin darnos tregua
y sellan con sangre el pacto del deseo.


MARÇAL, Maria-Mercè, Antologia, Aguado, Neus, pr.,Sant Cugat del Vallés, Amelia Romero, editora, 2005, ISBN: 84-8255-066-7, 181 pp., pág.: 155.

FEDERICO GARCÍA LORCA: POETA EN NUEVA YORK

VUELTA DE PASEO

Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñecos que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto de cada
día.

¡Asesinado por el cielo!


GARCÍA LORCA, Federico, Poeta en Nueva York, Madrid, Aguilar, 1986, ISBN: 84-03-06049-1, 261 pp., págs.: 25 y 26.


GLORIA FUERTES: OBRAS INCOMPLETAS

AUTOBIOGRAFÍA

A los pies de la Catedral de Burgos,
nació mi madre.
A los pies de la Catedral de Madrid,
nació mi padre.
Yo nací a los pies de mi madre
en el centro de España, una tarde.
Mi padre era obrero,
modista mi madre.
Yo quisiera haber sido del circo
y sólo soy esto.
De pequeña,
fui a un reformatorio y a un colegio gratis.
De joven fui al dolor
y en el verano a un Preventorio,
ahora voy a todas partes.
He tenido lo menos siete amores,
varios jefes malos
y apetito envidiable.
Ahora, tengo, dos recordatorios
y un beso, muy de tarde en tarde.

FUERTES, Gloria, Obras incompletas, Madrid, Cátedra, 1979, ISBN: 84-376-0056-1, 364 pp., pág.: 71. Del poemario: Aconsejo beber hilo.

ROSALÍA DE CASTRO: EN LAS ORILLAS DEL SAR

Del antiguo camino a lo largo,
ya un pinar, ya una fuente aparece,
que brotando en la peña musgosa
con estrépito al valle desciende.
Y brillando del sol a los rayos
entre un mar de verdura se pierden,
dividiéndose en limpios arroyos
que dan vida a las flores silvestres
y en el Sar se confunden, el río
cual niño que plácido duerme,
reflejando el azul de los cielos,
lento corre en la fronda a esconderse.

No lejos, en soto profundo de robles,
en donde el silencio sus alas extiende,
y da abrigo a los genios propicios,
a nuestras viviendas y asilos campestres,
siempre allí, cuando evoco mis sombras,
o las llamo, respóndenme y vienen.

CASTRO, Rosalía de, A orillas del Sar, Madrid, Cátedra, 1985, ISBN: 84-376-0566-0, pp.: 93

jueves, 30 de octubre de 2008

JUANA INÉS DE LA CRUZ: INUNDACIÓN CASTÁLIDA

REDONDILLAS

Favorecida y agasajada, teme su afecto
de parecer gratitud y no fuerza.

Señora, si la belleza
que en vos llego a contemplar,
es bastante a conquistar
la más inculta dureza,
¿por qué hacéis que el sacrificio
que debo a vuestra luz pura,
debiéndose a la hermosura,
se atribuya al beneficio?
Cuando es bien que glorias cante
de ser vos quien me ha rendido,
¿queréis que lo agradecido
se equivoque con lo amante?
Vuestro favor me condena
a otra especie de desdicha,
pues me quitáis con la dicha
el mérito de la pena;
si no es que dais a entender
que favor tan singular,
aunque se puede lograr,
no se puede merecer.
Con razón, pues la hermosura,
aun llegada a poseerse,
si llegara a merecerse,
dejara de ser ventura;
que estar un digno cuidado
con razón correspondido,
es premio de lo servido
y no dicha de lo amado,
que dicha se ha de llamar
sola la que, a mi entender,
ni se puede merecer
ni se pretende alcanzar,
ya que este favor excede
tanto a todos, al lograrse,
que no sólo no pagarse,
mas si agradecer se puede;
pues desde el dichoso día
que vuestra belleza vi,
tan del todo me rendí,
que no me quedó acción mía;
con lo cual, señora, muestro,
y a decir mi amor se atreve
que nadie pagaros debe
que vos honréis lo que es vuestro.

Bien sé que es atrevimiento,
pero el amor es testigo
que no sé lo que me digo
por saber lo que me siento.
Y en fin, perdonad por Dios,
señora, que os hable así,
que si yo estuviera en mí,
no estuvierais en mí vos.
Sólo quiero suplicaros
que de mí recibáis hoy,
no sólo el alma que os doy,
mas las que quisiera daros.

CRUZ, Juana Inés de la, Inundación Castálida, Sabat de Rivers, Georgina (ed. lit.), Madrid, Castalia, 1983, ISBN: 84-7039-311-1, pp.: 263-264-265.


RAQUEL OSBORNE: HACIA EL DIVORCIO

RAQUEL OSBORNE: HACIA EL DIVORCIO

INTRODUCCIÓN


Consideramos que este pequeño libro viene muy a colación en el momento actual de la vida política y social española; querámoslo o no, ciertas circunstancias personales, privadas diríamos –y ni de derechas ni de izquierdas por sí mismas-, se ven supeditadas a los vaivenes de lo político para su resolución. Tal es el caso del divorcio, tema que aquí hoy nos ocupa.
Una vez aprobada la Constitución, marco necesario pero siempre insuficiente, comienza una nueva etapa de desarrollo legislativo de los enunciados que allí se formulan, como es el caso del divorcio, disolución del matrimonio como algunos gustan de llamarle.
Para ello, gobierno, partidos, grupos feministas y asociaciones de separados-as ultiman sus respectivos proyectos y afilan sus armas dialécticas para dar la batalla den el momento en que el proyecto de la comisión de codificación del Ministerio de Justicia sea discutido en Las Cortes. Pero, ¿cuándo llegará ese momento? Nos tememos que las prioridades van a ser, por ahora, muy otras, -no la ha habido durante mucho tiempo- por subsanar las innúmeras y anómalas situaciones cotidianas de tanto matrimonio roto vivencialmente, pero no legalmente.
Desde algunos sectores se clama porque la línea matrimonio-familia va a ser cortada si se le añade el eslabón del divorcio, cuya implantación sería el comienzo de la disolución de las susodichas instituciones. Para otros, el divorcio no es mas que una pequeña reforma que, amén de reforzar la institución matrimonial, no guarda ninguna importancia en comparación con las cuestiones que realmente interesan hoy y hacia donde hay que ir: la desaparición del matrimonio y de la familia tal y como en la actualidad los conocemos. Entre ambas posiciones cabe toda la gama de matices y proposiciones que las mentes imaginarse puedan. Para unos, el problema es una mera cuestión jurídico-legislativa, para otros tiene grandes repercusiones sociológicas. Algunos grupos quieren plantearse el tema de una manera posibilista, atendiendo al “ara i aquí” hispano; otros no ven en estas posturas ningún viso de realización, y prefieren actuar al grito de “sé realista, pide lo imposible”.
Para que todas estas corrientes puedan hacer oír su voz, hemos citado en nuestro pequeño libro a los más diversos representantes de las diversas posturas, en tres bloques de información: por un lado, algunos grupos feministas que marcan distintas opiniones dentro del movimiento de mujeres; en segundo lugar, por medio de mujeres que han destacado por su interés y dedicación ante los temas de su propio sexo, apartado en el que se incluye la aportación de un portavoz de la Iglesia; y por último hemos querido exponer una muestra de algunos proyectos de ley de partidos, grupos feministas y asociaciones de separados-as, dado que, la base de los mismos –al menos en la esfera parlamentaria- serán los diversos proyectos que se representen en las Cortes.
Creemos pues que hemos recogido un amplio panorama de posturas acerca del tema, y pretendemos, con esta modesta aportación en forma de libro, contribuir a la creación de un necesario debate que concierne hoy, ya, a los hombres y mujeres de la sociedad española.
Raquel Osborne

OSBORNE, Raquel y RECIO, Juan Luis, Hacia el divorcio, Madrid, Taller de Sociología Ediciones, 1979, ISBN: 84-85390-04-0, pp.: 3 y 4.
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LA CONSTRUCCIÓN SEXUAL DE LA REALIDAD. UN DEBATE EN LA SOCIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA DE LA MUJER
Lo que nos interesa resaltar en el presente capítulo es el énfasis en las diferencias intergénericas propugnado por cierto discurso feminista, frente al acento en la igualdad defendido por un feminismo de cuño más ilustrado. Pretendemos mostrar la forma en que, a través de la mayoría de sus planteamientos e implicaciones, el diferencialismo feminista aquí analizado conduce a unos resultados que no parecen favorecer la causa de las mujeres que, con toda seguridad, apoya. (79)

(…)

¿Sobre qué bases se estructura la familia tradicional? La baza principal de las mujeres ha sido la de no conceder sus favores sexuales sino en el matrimonio. Se ligaba así el sexo y la reproducción a esta institución y se aseguraba la manutención por parte del varón para ella y su prole. En una sociedad en la cual las mujeres no gozaban de independencia económica ni, por supuesto, de libertad sexual, su único poder consistía en ser avaras con su sexo. Una vez casadas, el intercambio se basaba en sexo y sumisión por parte de la mujer a cambio de una seguridad económica y un estatus social. Esto lo sabe muy bien la derecha por la simple razón de que cualquier cambio, o simplemente expectativa de cambio, en este esquema, supone un atentado a la familia patriarcal. (220-221)


OSBORNE, Raquel, La construcción sexual de la realidad. Un debate en la sociología contemporánea de la mujer, Madrid, Cátedra, Col. Feminismo, núm. 14, 2002, ISBN: 84-376-1213-6, 323 pp., pags. 79 y 220-1.

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PROCESOS EN TORNO A LA RELIGIÓN: PRESENTE Y FUTURO


Como ya hemos indicado al principio de este prólogo, en la prensa diaria podemos comprobar día a día la pluralidad de cuestiones que giran alrededor de los temas incluidos en esta Selección de textos –y de otros que no hemos podido recoger- y que señalan a este campo de análisis como de apasionante actualidad. En consecuencia, la parte final de esta antología incluye un dossier de prensa, que aporta datos sobre la actualidad del fenómeno de la religión en España en un contexto de globalización y abre la mirada hacia algunos de los conflictos recientes en torno a dicho fenómeno.
(…)
De hecho, la información seleccionada, no realizada por otra parte de una forma sistematizada ni atendiendo a una pluralidad de medios, pues nunca fue ésa nuestra intención, conecta de forma muy clara con los aspectos que, desde sus orígenes, la Sociología desarrolló en torno a la religión por parte de los clásicos, y en los que los sociólogos de la religión españoles profundizaron sobre todo a partir de los años 90 del siglo pasado. Se cierra así un círculo abierto con la Ilustración, y que promete dar todavía mucho juego.
A partir de esas fechas, la producción científica en torno a la sociología de la religión –frente a la sociología “religiosa” anterior de la que hablan algunos y que no resultaba muy “científica”-, el corpus de la materia, no ha hecho sino aumentar; alcanzando una entidad y unos niveles de calidad notables. Por ello, si bien todos los textos que aparecen aquí merecen estar; muchos otros se han quedado fuera por falta de espacio o por no hallarse disponibles para su reproducción. Se han agrupado las lecturas por temas en los que la producción intelectual resulta ya densa y que opinamos son del mayor interés y actualidad para cualquier estudiante o profesional a quien interese la sociología de la religión, siempre en proceso de renovación. Algunos de los libros de donde se extraen los textos, la bibliografía citada en muchos de los trabajos y algunas de las revistas de donde se han entresacado los artículos, números monográficos en algunos casos en torno a la religión, proporcionan una abundante bibliografía que podrá ayudar a aquellos interesados en seguir profundizando en estos temas.

Raquel Osborne y Jordi M. Monferrer

ORBORNE, Raquel y MONFERRER, Jordi M. (dirs.), Procesos en torno a la religión: presente y futuro. Selección de textos, Madrid, UNED, 2005, ISBN: 84-362-5152-O, 348 pp., págs.: 13 y 14.

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REVISTAS:
“Creo que estamos de enhorabuena al poder presentar este número monográfico de la revista Empiria. Los estudios de las mujeres –los women´s studies- comenzaron a establecerse en las universidades anglosajonas en los años setenta y a consolidarse en los años ochenta, extendiéndose como una mancha de aceite en todos los curricula universitarios. En España nuestro secular atraso, unido a la concienzuda labor del franquismo, dificultó su arribada en tiempo y forma, que se inició, no obstante, a finales de los años setenta: en el año 2004 se conmemoró en la Universidad Autónoma de Madrid el 25 aniversario de la creación por parte de, entre otras profesoras, María Ángeles Durán, del primer Seminario de Estudios de la Mujer, hoy reconvertido, como tantos otros en las universidades españolas, en Instituto universitario”.

Así comienza la presentación que escribe Raquel Osborne en el Nº 15 de la revista EMPIRIA.

ARTÍCULOS


-Algunas advertencias sobre la práctica de la sociología feminista en la escena pública Judith Stacey

-En la cocina de las políticas de igualdad; ¿qué ingredientes agregar a las nuevas recetas? Carme Adán

-El trabajo y el cuidado: cuestiones teórico-metodológicas desde la perspectiva de género Teresa Torns

-Investigación empírica y teoría feminista en los estudios familiares en el mundo anglosajón: una síntesis extramuros Sara Barrón

-De la ‘violencia’ (de género) a las ‘cifras de la violencia’: una cuestión política Raquel Osborne

-El estímulo de la duda María Ángeles Durán

TEXTO CLÁSICO

La evolución del concepto de género: selección de textos de S. de Beauvoir, K. Millet, G. Rubin y J. Butler (Selección y presentación: R. Osborne y C. Molina Petit)



OSBORNE, Raquel (2008): “Presentación” en Empiria. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, nº 15, enero-junio, ISSN 1139-5737. Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Departamento de Sociología I. Teoría. Metodología y Cambio Social.

MIGUEL DE CERVANTES: EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

-No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho, respondió Marcela, sino a volver por mí misma, y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Crisóstomo me culpan; y así, ruego a todos los que aquí estáis, me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que por razón de ser amado esté obligado lo que es amado por hermoso, a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuera feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir: “Quiérote por hermosa, hasme de amar aunque sea feo”. Pero puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran, que algunas alegran la vida y no rinden la voluntad. Que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cual habrían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos; y según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: ¿si como el cielo me hizo hermosa, me hiciera fea, fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que, tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprendida por ser hermosa, que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que por sólo su gusto con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre, escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos, con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado, y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista, he desengañado con las palabras. Y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Crisóstomo, ni a otro alguno, en fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en este mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contestara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido; mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa. Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito. El cielo aun hasta ahora no ha querido que yo ame por destino; y el pensar que tengo de amar por elección, es excusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan, de su particular provecho; y entiéndase de aquí adelante que si alguno por mí muriere no muere de celoso ni desdichado, porque “quien a nadie quiere a ninguno debe dar celos”, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Crisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias y no codicio las ajenas. Tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito a aquél, ni burlo con uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.
Y en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas, y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a todos los que allí estaban.


CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, edición IV centenario, Astrana Marín, Luis (pr.), Madrid, Ediciones Castilla, 1967, LII+1986 pp., págs.: 103-105.