domingo, 28 de marzo de 2010
LUIS DE GÓNGORA: ANTOLOGÍA POÉTICA
Ciego que apuntas y atinas,
caduco dios y rapaz,
vendado que me has vendido
y niño mayor de edad,
por el alma de tu madre
-que murió siendo inmortal,
de envidia de mi señora-,
que no me persigas más.
Déjame en paz, amor tirano,
déjame en paz.
Baste el tiempo mal gastado
que he seguido a mi pesar
tus inquietas banderas,
forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
pues yo te perdono allá
cuatro escudos de paciencia,
diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, amor tirano,
déjame en paz.
Amadores desdichados
que seguís milicia tal,
decidme, ¿qué buena guía
podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano ¿qué piedad?
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.
Diez años desperdicié,
los mejores de mi edad,
en ser labrador de Amor
a costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
aré un alterado mar,
sembré una estéril arena,
cogí vergüenza y afán.
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.
Una torre fabriqué
del viento en la raridad,
mayor que la de Nembrot,
y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
a la cárcel, libertad,
miel dulce al amargo acíbar,
principio al fin, bien al mal.
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.
GÓNGORA, Luis de, Antología poética, Barcelona, Orbis, 1983, 11-12 pp.
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domingo, 28 de febrero de 2010
FRANCISCO DE QUEVEDO: ANTOLOGÍA POÉTICA
SONETO AMOROSO DIFINIENDO EL AMOR
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario a sí mismo!
QUEVEDO, Francisco de (1984), Antología poética, Barcelona, Plaza & Janés, 456 pp., pág. 101.
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario a sí mismo!
QUEVEDO, Francisco de (1984), Antología poética, Barcelona, Plaza & Janés, 456 pp., pág. 101.
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domingo, 24 de enero de 2010
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA: LA VIDA ES SUEÑO
ROSAURA
Con asombro de mirarte,
con admiración de oírte,
ni sé qué pueda decirte,
ni qué pueda preguntarte;
sólo diré que a esta parte
hoy el cielo me ha guiado
para haberme consolado,
si consuelo puede ser
del que es desdichado, ver
otro que es más desdichado.
Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro (entre sí decía)
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.
Quejoso de la fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?,
piadoso me has respondido;
pues volviendo en mi sentido,
hallo, que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías
las hubieras recogido.
Y por si acaso mis penas
pueden en algo aliviarte,
óyelas atento, y toma
las que de ellas me sobraren.
Yo soy…
CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro (1972), La vida es sueño. Casa con dos puertas mala es de guardar, Barcelona, Ramón Sopena, 287 pp., págs.: 29-30
Con asombro de mirarte,
con admiración de oírte,
ni sé qué pueda decirte,
ni qué pueda preguntarte;
sólo diré que a esta parte
hoy el cielo me ha guiado
para haberme consolado,
si consuelo puede ser
del que es desdichado, ver
otro que es más desdichado.
Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro (entre sí decía)
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.
Quejoso de la fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?,
piadoso me has respondido;
pues volviendo en mi sentido,
hallo, que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías
las hubieras recogido.
Y por si acaso mis penas
pueden en algo aliviarte,
óyelas atento, y toma
las que de ellas me sobraren.
Yo soy…
CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro (1972), La vida es sueño. Casa con dos puertas mala es de guardar, Barcelona, Ramón Sopena, 287 pp., págs.: 29-30
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martes, 12 de enero de 2010
ISADORA DUNCAN: MI VIDA
El carácter de un niño está ya en su plenitud en el seno de la madre. Antes de que yo naciera, mi madre sufría una crisis espiritual; su situación era trágica. No podía tomar ningún alimento, excepto ostras y champaña helados. Si se me preguntara cuándo empecé a bailar, contestaría: “En el seno de mi madre, probablemente por efecto de las ostras y del champaña –el alimento de Afrodita.”Mi madre estaba en aquellos tiempos soportando una experiencia tan trágica, que solía decir con frecuencia: “Este niño que va a nacer no será normal”, y esperaba a un monstruo. Y, de hecho, desde el momento de mi natalicio, parece que empecé a agitar brazos y piernas con tal frenesí, que mi madre exclamó: “Ya veis que tenía razón: esta niña es maniática.” Pero más tarde, colocada con mis andadores en el centro de la mesa, era el divertimiento de toda la familia y de los amigos, y quería bailar todas las músicas que se tocaban.
.........
DUNCAN, Isadora; Mi vida, Madrid, Cenit, 1929, 366 pp., pág.: 19.
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DUNCAN Isadora
miércoles, 6 de enero de 2010
MONSERRAT GALLART I SANFELIU: TRENAT D´ONADES Y REMORS
CANT AL MAR
Etern vaivé de l´aigua,
ritme sord del mar de fons,
melodia d´alts i baixos compassats
damunt les platges de pedra cremada pel sol.
La teva música i els teus colors canviants
són vells poemes que conviden al goig
i la teva fredor és vida per al meu cos,
que retroba cada estiu el teu frec lleuger.
Vella companya, mar amiga,
nodrissera de tantes generacions,
Salomé que també t´has endut
vaixells i mariners.
Vella companya, mar amiga,
seda per a la meva pell,
besada per al meu rostre,
recer on Aquil les trobava consol…
GALLART I SANFELIU, Montserrat (2009), Trenat d´onades i remors, Manresa, Abadia editors, ISBN: 13: 978-84-96847-48-4, 111 p., pág.: 89.
Etern vaivé de l´aigua,
ritme sord del mar de fons,
melodia d´alts i baixos compassats
damunt les platges de pedra cremada pel sol.
La teva música i els teus colors canviants
són vells poemes que conviden al goig
i la teva fredor és vida per al meu cos,
que retroba cada estiu el teu frec lleuger.
Vella companya, mar amiga,
nodrissera de tantes generacions,
Salomé que també t´has endut
vaixells i mariners.
Vella companya, mar amiga,
seda per a la meva pell,
besada per al meu rostre,
recer on Aquil les trobava consol…
GALLART I SANFELIU, Montserrat (2009), Trenat d´onades i remors, Manresa, Abadia editors, ISBN: 13: 978-84-96847-48-4, 111 p., pág.: 89.
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viernes, 25 de diciembre de 2009
RAQUEL OSBORNE: ÉRAMOS SÓLO NOSOTROS

¿Qué es este extraño mal de bronce
que tanto me golpea y me aturde?
¿Cómo llegó esta incertidumbre
de pensamientos desviados
sin saber de dónde vienen?
¿Qué se moverá
cuando de nuevo esta realidad invisible
pase por mi lado?
¿Qué oscura fibra
se sintió herida
al contacto… nada más de una sonrisa?
¿A dónde iré yo
cuando se combinen las dos fuerzas
que nacieron para odiarse?
El viento y la noche
se movían en el campo desapacible
dejando atrás
unos versos
escritos cuando el alma
no tenía otra cosa a que asirse
porque las palabras
no dijeron nada
y un espeso humo
ocultaba la mirada
y con todo
en lo oculto y lo sabido
en el campo y en la noche
éramos sólo nosotros
que jugábamos…
y perdimos.
LA PROVINCIA – Domingo, 13 de enero, 1974
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OSBORNE Raquel
sábado, 12 de diciembre de 2009
MARÍA VICTORIA ATENCIA: EX LIBRIS
PASEO DE LA FAROLA
9,30
Seguiré atenta al rosa,
en verdad excesivo,
de un sol que ya decae
por frente a la baranda.
Las palomas alcanzan
a golpear mis párpados.
VENDEJA
Apilados seretes,
cajas de pasas, rubios
limones como senos,
entre nocturnos ritos
y antiguos menesteres:
vuestro olor moscatel
mi trastorno provoca.
Si no puede volverme
vuestro aroma a la infancia,
cerraré mis cristales.
NOCHE
La noche, desvelada,
recuerda las cosechas:
serán naranjas –y ellas
lo sabrán- cuando llegue
su zumo hasta mi boca
y el poso depositen
de su aroma en mi sangre.
¡Aplacad esta sed!
ATENCIA, María Victoria, Ex libris, Madrid, Visor, 2003, ISBN: 84-7522-185-8, 155 pp., págs.: 88,89 y 90.
9,30
Seguiré atenta al rosa,
en verdad excesivo,
de un sol que ya decae
por frente a la baranda.
Las palomas alcanzan
a golpear mis párpados.
VENDEJA
Apilados seretes,
cajas de pasas, rubios
limones como senos,
entre nocturnos ritos
y antiguos menesteres:
vuestro olor moscatel
mi trastorno provoca.
Si no puede volverme
vuestro aroma a la infancia,
cerraré mis cristales.
NOCHE
La noche, desvelada,
recuerda las cosechas:
serán naranjas –y ellas
lo sabrán- cuando llegue
su zumo hasta mi boca
y el poso depositen
de su aroma en mi sangre.
¡Aplacad esta sed!
ATENCIA, María Victoria, Ex libris, Madrid, Visor, 2003, ISBN: 84-7522-185-8, 155 pp., págs.: 88,89 y 90.
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ATENCIA María Victoria
JUANA CASTRO: VULVA DORADA Y LOTOS
Inanna
Como la flor madura del magnolio
era alta y feliz. En el principio
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca,
se amaba en la sombría
saliva de las algas,
en los senos vallado de las trufas,
en los pubis suaves de los mirlos.
Dormía en las avenas
sobre lechos de estambres
y sus labios de abeja
entreabrían las vulvas
doradas de los lotos.
Acariciaba toda
la luz de las adelfas
y en los saurios azules
se bebía la savia
gloriosa de la luna.
Se abarcaba en los muslos
fragantes de los cedros
y pulsaba sus poros con el polen
indemne de las larvas.
¡Gloria y loor a Ella,
a su útero vivo de pistilos,
a su orquídea feraz y a su cintura.
Reverbere su gozo
en uvas y en estrellas,
en palomas y espigas,
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. Sola!
El gozo
Porque soy como ella me ha besado y me ha dicho:
Estás limpia, no temas. Ahora el mundo
no será más tan frío. Mira sólo mis ojos
cuando te alcance el miedo.
Toma entero este gozo
que es el tuyo y el mío.
La sal de las historias ni siquiera
podrá rozar tu nombre, María, ni el deseo.
Saciada por saciada, cuánta dicha
se entregará a tu pie. Mi dueña mía.
CASTRO, Juana, Vulva dorada y lotos, Madrid, Sabina Editorial, S.L., 2009, ISBN: 978-84-936378-9-7, 89 pp., págs.: 11-12 y 67.
Como la flor madura del magnolio
era alta y feliz. En el principio
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca,
se amaba en la sombría
saliva de las algas,
en los senos vallado de las trufas,
en los pubis suaves de los mirlos.
Dormía en las avenas
sobre lechos de estambres
y sus labios de abeja
entreabrían las vulvas
doradas de los lotos.
Acariciaba toda
la luz de las adelfas
y en los saurios azules
se bebía la savia
gloriosa de la luna.
Se abarcaba en los muslos
fragantes de los cedros
y pulsaba sus poros con el polen
indemne de las larvas.
¡Gloria y loor a Ella,
a su útero vivo de pistilos,
a su orquídea feraz y a su cintura.
Reverbere su gozo
en uvas y en estrellas,
en palomas y espigas,
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. Sola!
El gozo
Porque soy como ella me ha besado y me ha dicho:
Estás limpia, no temas. Ahora el mundo
no será más tan frío. Mira sólo mis ojos
cuando te alcance el miedo.
Toma entero este gozo
que es el tuyo y el mío.
La sal de las historias ni siquiera
podrá rozar tu nombre, María, ni el deseo.
Saciada por saciada, cuánta dicha
se entregará a tu pie. Mi dueña mía.
CASTRO, Juana, Vulva dorada y lotos, Madrid, Sabina Editorial, S.L., 2009, ISBN: 978-84-936378-9-7, 89 pp., págs.: 11-12 y 67.
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CASTRO Juana
martes, 10 de noviembre de 2009
RAQUEL OSBORNE: APUNTES SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO
REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA
vol. 6 Nº 2 (2011)
[es]
Raquel OSBORNE. Apuntes sobre violencia de género. Edicions Bellaterra, Barcelona, 2009. 187 páginas
535-540PDF
Isabel Jiménez Carrasco
Índice
Introducción, 11
1. La violencia de los modelos de género, 17
Introducción, 17. Marco conceptual, 18. Ámbito internacional, 23. Cuestión de terminología, 27. La historia comienza con el feminismo, 32. Divergencias entre las violencias de mujeres y varones, 35. La diferente socialización de género, 41. El poder del amor, 44. Resumen, 48
2. La violencia sexual como forma de control de las mujeres, 53
Introducción, 53. La violencia sexual y el control de las mujeres, 56. Causas estructurales de las agresiones sexuales, 64. Propiedad, sexualidad, violencia, 69. El sistema penal, o la ley del embudo, 76. Resumen, 80
3. Los malos tratos: un problema estructural, 83
Introducción, 83. La ampliación de las cifras de la violencia: Las Macroencuestas, 90. La amalgama de sexismo y maltrato, 95. Violencias perpretadas por mujeres, 100. La primacía del enfoque de género, 105. Familia y roles de género, 107. El ciclo de la violencia, 111. La Ley Integral, 114. La “excesiva” judicialización del problema, 116. La denuncia obligatoria, 118. Intervención desde el sistema sanitario, 123. Los tratamientos terapéuticos, 128. Resumen, 133.
4. El acoso sexual como indicador patriarcal, 137
Introducción, 137. El cruce entre trabajo, sexualidad y género, 141. Rasgos del acoso sexual, 145. Estrategias ante el acoso, 153. Resumen, 158
5. Mujeres, guerra y violencia de género, 161
Introducción, 161. ¿Son las mujeres pacifistas? Del sufragio al ecofeminismo, 164. La participación de las mujeres en las guerras, 168. Las “otras” en la guerra: la importancia militar de la violencia patriarcal, 176. La tolerancia hacia las agresiones bélico-sexistas, 179. Resumen, 184
OSBORNE, Raquel, Apuntes sobre violencia de género, Barcelona, Bellaterra, 2009, ISBN: 978-84-7290-465-1, 187 pp.
www.feministas.org/IMG/pdf/Mesa_Violencia_Raquel_Osborne.pdf
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domingo, 8 de noviembre de 2009
GABRIELA MISTRAL: POESÍAS
YO NO TENGO SOLEDAD
Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!
Es el cielo desamparo
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!
Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!
(p: 162)
MIEDO
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Se hunde volando en el cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!
(p: 262-263)
PROMESA A LAS ESTRELLAS
Ojitos de las estrellas
abiertos en un oscuro
terciopelo: de lo alto
¿me veis puro?
Ojitos de las estrellas,
prendidos en el sereno
cielo, decid: desde arriba,
¿me veis bueno?
Ojitos de las estrellas,
de pestañitas inquietas,
¿por qué sois azules, rojos
y violetas?
Ojitos de la pupila
Curiosa y trasnochadora,
¿por qué os borra con sus rosas
la aurora?
Ojitos, salpicaduras
de lágrimas o rocío,
cuando tembláis, allá arriba,
¿es de frío?
Ojitos de las estrellas,
fijo en una y otra os juro
que me habéis de mirar siempre,
siempre puro.
(p: 326)
LA DICHOSA
A Paulina Brook
Nos tenemos por la gracia
de haberlo dejado todo;
ahora vivimos libres
del tiempo de ojos celosos;
y a la luz le parecemos
algodón del mismo copo.
El Universo trocamos
por un muro y un coloquio.
País tuvimos y gentes
y unos pesados tesoros,
y todo lo dio el amor
loco y ebrio de despojo.
Quiso el amor soledades
como el lobo silencioso.
Se vino a cavar su casa
en el valle más angosto
y la huella le seguimos
sin demandarle retorno…
Para ser cabal y justa
como es en la copa el sorbo,
y no robarle el instante,
y no malgastarle el soplo,
me perdí en la casa tuya
como la espada en el forro.
Nos sobran todas las cosas
que teníamos por gozos:
por labrantíos, las costas,
las anchuras dunas de hinojos.
El asombro del amor
acabó con los asombros.
Nuestra dicha se parece
al panal que cela su oro;
pesa en el pecho la miel
de su peso capitoso,
y ligera voy, o grave,
y me sé y me desconozco.
Ya ni recuerdo cómo era
cuando viví con los otros.
Quemé toda mi memoria
como hogar menesteroso.
Los tejados de mi aldea
si vuelvo, no los conozco,
y el hermano de mis leches
no me conoce tampoco.
Y no quiero que me hallen
donde me escondí de todos;
antes hallen en el hielo
el rastro huido del oso.
El muro es negro de tiempo
el liquen del umbral, sordo,
y se cansa quien nos llame
por el nombre de nosotros.
Atravesaré de muerta
el patio de hongos morosos.
Él me cargará en sus brazos
en chopo talado y mondo.
Yo miraré todavía
el remate de sus hombros.
La aldea que no me vio
me verá cruzar sin rostro,
y solo me tendrá el polvo
volador, que no es esposo.
(p: 612)
MUJER DE PRISIONERO
A Victoria Kent
Yo tengo en esa hoguera de ladrillos,
yo tengo al hombre mío prisionero.
Por corredores de filos amargos
y en esta luz sesgada de murciélago,
tanteando como el buzo por la gruta,
voy caminando hasta que me lo encuentro,
en los anillos de su befa envuelto.
Me lo han dejado, como a barco roto,
con anclas de metal en los pies tiernos;
le han esquilado como a la vicuña
su gloria azafranada de cabellos.
Pero su Ángel-Custodio anda la celda
y si nunca lo ven es que están ciegos.
Entró con él al hoyo de cisterna;
tomó los grillos como obedeciendo;
se alzó a coger el vestido de cobra,
y se quedó sin el aire del cielo.
El Ángel gira moliendo y moliendo
la harina densa del más denso sueño;
le borra el mar de zarcos oleajes,
le sumerge una casa y un viñedo,
y le esconde mi ardor de carne en llamas,
y su esencia, y el nombre, que dieron.
En la celda, las olas de bochorno
y frío, de los dos, yo me las siento,
y trueque y turno que hacen y deshacen
se queja y queja los dos prisioneros
¡y su guardián nocturno ni ve ni oye
que dos espaldas son y dos lamentos!
Al rematar el pobre día nuestro,
hace el Ángel dormir al prisionero,
dando y lloviendo olvido imponderable
a puñados de noche y de silencio.
Y yo desde mi casa que lo gime
hasta la suya, que es dedal ardiendo,
como quien no conoce otro camino,
de lanzadera viva voy y vengo,
y al fin se abren los muros y me dejan
pasar al hierro, la brea, el cemento…
En lo oscuro, mi amor que come moho
y telarañas, cuando es que yo llego,
entero ríe a lo blanquidorado;
a mi piel, a mi fruta y a mi cesto.
El canasto de frutas a hurtadillas
Destapo, y uva a uva se lo entrego;
la sidra se la doy pausadamente,
porque el sorbo no mate a mi sediento,
y al moverse le siguen –pajarillos
de perdición- sus grillos cenicientos.
Vuestro hermano vivía con vosotros
hasta el día de cielo y umbral negro;
pero es hermano vuestro, mientras sea
la sal aguda y el agraz acedo,
hermano con su cifra y sin su cifra,
y libre o tanteando en su agujero,
y es bueno, sí, que hablemos de él, sentados
o caminando, y en vela o durmiendo,
si lo hemos de contar como fábula
cuando nos haga responder su Dueño.
Cuando rueda la nieve los tejados
o a sus espaldas cae el aguacero,
mi calor con su hielo se pelea
en el pecho de mi hombre friolento:
él ríe, ríe a mi nombre y mi rostro
y al cesto ardiendo con que lo festejo,
¡y puedo, calentando sus rodillas,
contar como David todos sus huesos!
Pero por más que le allegue mi hálito
y le funda su sangre pecho a pecho,
¡cómo con brazo arqueado de cuna
yo rompo cedro y pizarra de techos,
si en dos mil días los hombres sellaron
este panal cuya cera de infierno
más arde más, que aceites y resinas,
y que la pez, y arde mudo y sin tiempo!
(p: 630-633)
MUERTE DEL MAR
A Doris Dana
Se murió el Mar una noche,
de una orilla a la otra orilla;
se arrugó, se recogió,
como manto que retiran.
Igual que albatros beodo
y que la alimaña huida,
hasta el último horizonte
con diez oleajes corría.
Y cuando el mundo robado
volvió a ver la luz del día,
él era un cuerno cascado
que al grito no respondía.
Los pescadores bajamos
a la costa envilecida,
arrugada y vuelta como
la vulpeja consumida.
El silencio era tan grande
que los pechos oprimía,
y la costa se sobraba
como la campana herida.
Donde él bramaba, hostigado
del Dios que lo combatía,
y replicaba a su Dios
con saltos de ciervo en ira,
y donde mozos y mozas
se daban bocas salinas
y en trenza de oro danzaban
solo el ruedo de la vida,
quedaron las madreperlas
y las caracolas lívidas
y las medusas vaciadas
de su amor y de sí mismas.
Quedaban dunas-fantasmas
más viudas que la ceniza,
mirando fijas la cuenca
de su cuerpo de alegrías.
Y la niebla, manoseando
plumazones consumidas,
y tanteando albatros muerto,
rondaba como la Antígona.
Mirada huérfana echaban
acantilados y rías
al cancelado horizonte
que su amor no devolvía.
Y aunque el mar nunca fue nuestro
como cordera tundida,
las mujeres cada noche
por hijo se lo mecían.
Y aunque al sueño él volease
el pulpo y la pesadilla,
y al umbral de nuestras casas
los ahogados escupía,
de no oírle y de no verle
lentamente se moría,
y en nuestras mejillas áridas
sangre y ardor se sumían.
Con tal de verlo saltar
con su alzada de novilla,
jadeando y levantando
medusas y praderías,
con tal de que nos batiese
con sus pechugas salinas,
y nos subiesen las olas
aspadas de maravillas,
pagaríamos rescate
como las tribus vencidas
y daríamos las casas,
y los hijos y las hijas.
Nos jadean los alientos
como al ahogado en mina
y el himno y el peán mueren
sobre nuestras bocas mismas.
Pescadores de ojos fijos
le llamamos todavía,
y lloramos abrazados
a las barcas ofendidas.
Y meciéndolas, meciéndolas,
tal como él se les mecía,
mascamos algas quemadas
vueltos a la lejanía,
o mordemos nuestras manos
igual que esclavos escitas.
Y cogidos de las manos,
cuando la noche es venida,
aullamos viejos y niños
como unas almas perdidas:
“¡Talassa, viejo Talassa,
verdes espaldas huidas,
si fuimos abandonados
llámanos a donde existas,
y si estás muerto, que sople
el viento color de Erinna
y nos tome y nos arroje
sobre otra costa bendita,
para contarle los golfos
y morir sobre sus islas.”
(P: 646-650)
MISTRAL, Gabriela, Poesías completas, Madrid, Aguilar, 1962, 836 pp., págs.: 162, 262-263, 326, 612, 630-633 y 646-650.
Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!
Es el cielo desamparo
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!
Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!
(p: 162)
MIEDO
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Se hunde volando en el cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!
(p: 262-263)
PROMESA A LAS ESTRELLAS
Ojitos de las estrellas
abiertos en un oscuro
terciopelo: de lo alto
¿me veis puro?
Ojitos de las estrellas,
prendidos en el sereno
cielo, decid: desde arriba,
¿me veis bueno?
Ojitos de las estrellas,
de pestañitas inquietas,
¿por qué sois azules, rojos
y violetas?
Ojitos de la pupila
Curiosa y trasnochadora,
¿por qué os borra con sus rosas
la aurora?
Ojitos, salpicaduras
de lágrimas o rocío,
cuando tembláis, allá arriba,
¿es de frío?
Ojitos de las estrellas,
fijo en una y otra os juro
que me habéis de mirar siempre,
siempre puro.
(p: 326)
LA DICHOSA
A Paulina Brook
Nos tenemos por la gracia
de haberlo dejado todo;
ahora vivimos libres
del tiempo de ojos celosos;
y a la luz le parecemos
algodón del mismo copo.
El Universo trocamos
por un muro y un coloquio.
País tuvimos y gentes
y unos pesados tesoros,
y todo lo dio el amor
loco y ebrio de despojo.
Quiso el amor soledades
como el lobo silencioso.
Se vino a cavar su casa
en el valle más angosto
y la huella le seguimos
sin demandarle retorno…
Para ser cabal y justa
como es en la copa el sorbo,
y no robarle el instante,
y no malgastarle el soplo,
me perdí en la casa tuya
como la espada en el forro.
Nos sobran todas las cosas
que teníamos por gozos:
por labrantíos, las costas,
las anchuras dunas de hinojos.
El asombro del amor
acabó con los asombros.
Nuestra dicha se parece
al panal que cela su oro;
pesa en el pecho la miel
de su peso capitoso,
y ligera voy, o grave,
y me sé y me desconozco.
Ya ni recuerdo cómo era
cuando viví con los otros.
Quemé toda mi memoria
como hogar menesteroso.
Los tejados de mi aldea
si vuelvo, no los conozco,
y el hermano de mis leches
no me conoce tampoco.
Y no quiero que me hallen
donde me escondí de todos;
antes hallen en el hielo
el rastro huido del oso.
El muro es negro de tiempo
el liquen del umbral, sordo,
y se cansa quien nos llame
por el nombre de nosotros.
Atravesaré de muerta
el patio de hongos morosos.
Él me cargará en sus brazos
en chopo talado y mondo.
Yo miraré todavía
el remate de sus hombros.
La aldea que no me vio
me verá cruzar sin rostro,
y solo me tendrá el polvo
volador, que no es esposo.
(p: 612)
MUJER DE PRISIONERO
A Victoria Kent
Yo tengo en esa hoguera de ladrillos,
yo tengo al hombre mío prisionero.
Por corredores de filos amargos
y en esta luz sesgada de murciélago,
tanteando como el buzo por la gruta,
voy caminando hasta que me lo encuentro,
en los anillos de su befa envuelto.
Me lo han dejado, como a barco roto,
con anclas de metal en los pies tiernos;
le han esquilado como a la vicuña
su gloria azafranada de cabellos.
Pero su Ángel-Custodio anda la celda
y si nunca lo ven es que están ciegos.
Entró con él al hoyo de cisterna;
tomó los grillos como obedeciendo;
se alzó a coger el vestido de cobra,
y se quedó sin el aire del cielo.
El Ángel gira moliendo y moliendo
la harina densa del más denso sueño;
le borra el mar de zarcos oleajes,
le sumerge una casa y un viñedo,
y le esconde mi ardor de carne en llamas,
y su esencia, y el nombre, que dieron.
En la celda, las olas de bochorno
y frío, de los dos, yo me las siento,
y trueque y turno que hacen y deshacen
se queja y queja los dos prisioneros
¡y su guardián nocturno ni ve ni oye
que dos espaldas son y dos lamentos!
Al rematar el pobre día nuestro,
hace el Ángel dormir al prisionero,
dando y lloviendo olvido imponderable
a puñados de noche y de silencio.
Y yo desde mi casa que lo gime
hasta la suya, que es dedal ardiendo,
como quien no conoce otro camino,
de lanzadera viva voy y vengo,
y al fin se abren los muros y me dejan
pasar al hierro, la brea, el cemento…
En lo oscuro, mi amor que come moho
y telarañas, cuando es que yo llego,
entero ríe a lo blanquidorado;
a mi piel, a mi fruta y a mi cesto.
El canasto de frutas a hurtadillas
Destapo, y uva a uva se lo entrego;
la sidra se la doy pausadamente,
porque el sorbo no mate a mi sediento,
y al moverse le siguen –pajarillos
de perdición- sus grillos cenicientos.
Vuestro hermano vivía con vosotros
hasta el día de cielo y umbral negro;
pero es hermano vuestro, mientras sea
la sal aguda y el agraz acedo,
hermano con su cifra y sin su cifra,
y libre o tanteando en su agujero,
y es bueno, sí, que hablemos de él, sentados
o caminando, y en vela o durmiendo,
si lo hemos de contar como fábula
cuando nos haga responder su Dueño.
Cuando rueda la nieve los tejados
o a sus espaldas cae el aguacero,
mi calor con su hielo se pelea
en el pecho de mi hombre friolento:
él ríe, ríe a mi nombre y mi rostro
y al cesto ardiendo con que lo festejo,
¡y puedo, calentando sus rodillas,
contar como David todos sus huesos!
Pero por más que le allegue mi hálito
y le funda su sangre pecho a pecho,
¡cómo con brazo arqueado de cuna
yo rompo cedro y pizarra de techos,
si en dos mil días los hombres sellaron
este panal cuya cera de infierno
más arde más, que aceites y resinas,
y que la pez, y arde mudo y sin tiempo!
(p: 630-633)
MUERTE DEL MAR
A Doris Dana
Se murió el Mar una noche,
de una orilla a la otra orilla;
se arrugó, se recogió,
como manto que retiran.
Igual que albatros beodo
y que la alimaña huida,
hasta el último horizonte
con diez oleajes corría.
Y cuando el mundo robado
volvió a ver la luz del día,
él era un cuerno cascado
que al grito no respondía.
Los pescadores bajamos
a la costa envilecida,
arrugada y vuelta como
la vulpeja consumida.
El silencio era tan grande
que los pechos oprimía,
y la costa se sobraba
como la campana herida.
Donde él bramaba, hostigado
del Dios que lo combatía,
y replicaba a su Dios
con saltos de ciervo en ira,
y donde mozos y mozas
se daban bocas salinas
y en trenza de oro danzaban
solo el ruedo de la vida,
quedaron las madreperlas
y las caracolas lívidas
y las medusas vaciadas
de su amor y de sí mismas.
Quedaban dunas-fantasmas
más viudas que la ceniza,
mirando fijas la cuenca
de su cuerpo de alegrías.
Y la niebla, manoseando
plumazones consumidas,
y tanteando albatros muerto,
rondaba como la Antígona.
Mirada huérfana echaban
acantilados y rías
al cancelado horizonte
que su amor no devolvía.
Y aunque el mar nunca fue nuestro
como cordera tundida,
las mujeres cada noche
por hijo se lo mecían.
Y aunque al sueño él volease
el pulpo y la pesadilla,
y al umbral de nuestras casas
los ahogados escupía,
de no oírle y de no verle
lentamente se moría,
y en nuestras mejillas áridas
sangre y ardor se sumían.
Con tal de verlo saltar
con su alzada de novilla,
jadeando y levantando
medusas y praderías,
con tal de que nos batiese
con sus pechugas salinas,
y nos subiesen las olas
aspadas de maravillas,
pagaríamos rescate
como las tribus vencidas
y daríamos las casas,
y los hijos y las hijas.
Nos jadean los alientos
como al ahogado en mina
y el himno y el peán mueren
sobre nuestras bocas mismas.
Pescadores de ojos fijos
le llamamos todavía,
y lloramos abrazados
a las barcas ofendidas.
Y meciéndolas, meciéndolas,
tal como él se les mecía,
mascamos algas quemadas
vueltos a la lejanía,
o mordemos nuestras manos
igual que esclavos escitas.
Y cogidos de las manos,
cuando la noche es venida,
aullamos viejos y niños
como unas almas perdidas:
“¡Talassa, viejo Talassa,
verdes espaldas huidas,
si fuimos abandonados
llámanos a donde existas,
y si estás muerto, que sople
el viento color de Erinna
y nos tome y nos arroje
sobre otra costa bendita,
para contarle los golfos
y morir sobre sus islas.”
(P: 646-650)
MISTRAL, Gabriela, Poesías completas, Madrid, Aguilar, 1962, 836 pp., págs.: 162, 262-263, 326, 612, 630-633 y 646-650.
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domingo, 11 de octubre de 2009
LUISA POSADA: LOS PASILLOS DEL TIEMPO
Cómplices son
la línea del mar y la del deseo.
Horizontes
que se desdibujan distantes.
En esa carencia del límite
ya la mirada no alcanza
y las olas devuelven cada mensaje,
retraído hasta una distancia infinita.
Inútil perseguir su viaje:
sólo sería la muerte sorda entre el agua.
Sorda y entre el agua.
POSADA, Luisa, Los pasillos del tiempo, en Respiro de Arena, Madrid, Aconcagua Publishing y Vindicación Feminista, 1996, ISBN: 84-88217-08-0, 74 pp., pág: 71.
la línea del mar y la del deseo.
Horizontes
que se desdibujan distantes.
En esa carencia del límite
ya la mirada no alcanza
y las olas devuelven cada mensaje,
retraído hasta una distancia infinita.
Inútil perseguir su viaje:
sólo sería la muerte sorda entre el agua.
Sorda y entre el agua.
POSADA, Luisa, Los pasillos del tiempo, en Respiro de Arena, Madrid, Aconcagua Publishing y Vindicación Feminista, 1996, ISBN: 84-88217-08-0, 74 pp., pág: 71.
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lunes, 5 de octubre de 2009
BEATRIZ GIMENO: LA LUZ QUE MÁS ME LLAMA
He escrito de lo oscuro, de la desolación de la mirada
y del deseo, que se eleva inútil para morir vacío.
He escrito del miedo,
del dolor de una tarde que se pierde sin rumbo,
del cuerpo que se niega.
De todo esto he escrito, y más si me dejaran
cuando hubiera querido simplemente no escribir,
sino quizá vivir y ser amada
y encontrar en los cuerpos amados un refugio seguro
donde contar que el tiempo acaricia suavemente.
Y no querría escribir de nada más,
sino enroscarme en tus piernas,
descansar en tu vientre
y morir, puesto que hay que morir,
sabiendo que he vivido,
con un conocimiento exacto del gozo y del placer
-de la alegría-.
Y sin embargo escribo, a mi pesar, lo reconozco,
y seguiré escribiendo mientras viva
porque no tengo aliento más audaz ni más lejano,
ni tengo abierto otro canal hacia la vida.
GIMENO, Beatriz, La luz que más me llama, Zaragoza, Olifante, 2009, 77 pp., pág.: 55.
y del deseo, que se eleva inútil para morir vacío.
He escrito del miedo,
del dolor de una tarde que se pierde sin rumbo,
del cuerpo que se niega.
De todo esto he escrito, y más si me dejaran
cuando hubiera querido simplemente no escribir,
sino quizá vivir y ser amada
y encontrar en los cuerpos amados un refugio seguro
donde contar que el tiempo acaricia suavemente.
Y no querría escribir de nada más,
sino enroscarme en tus piernas,
descansar en tu vientre
y morir, puesto que hay que morir,
sabiendo que he vivido,
con un conocimiento exacto del gozo y del placer
-de la alegría-.
Y sin embargo escribo, a mi pesar, lo reconozco,
y seguiré escribiendo mientras viva
porque no tengo aliento más audaz ni más lejano,
ni tengo abierto otro canal hacia la vida.
GIMENO, Beatriz, La luz que más me llama, Zaragoza, Olifante, 2009, 77 pp., pág.: 55.
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jueves, 17 de septiembre de 2009
TERESA LÓPEZ PARDINA: EL CEBO DEL RESPETO
CARTA A EL PAÍS EL 4-5-08
Título de la carta: "El cebo del respeto".
Sr. Jiménez Barcia: Le felicito por su dominio de la técnica periodística demostrado en el artículo "Todo lo que esconde un velo" (4-5-08), que consechará adeptos al pensamiento comunitarista. Pero, para quienes no somos relativistas culturales, el retroceso de libertades individuales o colectivas es siempre una desgracia. La actitud y la militancia de Mariam es un retroceso de la libertad en ambos aspectos. Invita a las de su comunidad a que impongan sus "valores religiosos" a toda la que pique, para que todas nos enteremos de lo que es hacerse respetar como mujer. Y mira Mariam: yo también estoy en desacuerdo con el tratamiento de las mujeres en las técnicas publicitarias y con el patriarcalismo todavía abusivo que sufrimos las mujeres en las sociedades occidentales; pero lo que tu invitas a practicar, querida Mariam, es hundirnos más en la opresión. En la opresión desde la vertiente religiosa, ahora que en España estamos empezando a salir de una época oscura en la que la iglesia católica cercenó toda libertad que se nos pusiera por delante, empezando por la de pensar. No te das cuenta, Mariam, de que has tenido el privilegio de nacer en una democracia, ¡qué lástima!
TERESA LÓPEZ PARDINA. DOCTORA EN FILOSOFÍA
Título de la carta: "El cebo del respeto".
Sr. Jiménez Barcia: Le felicito por su dominio de la técnica periodística demostrado en el artículo "Todo lo que esconde un velo" (4-5-08), que consechará adeptos al pensamiento comunitarista. Pero, para quienes no somos relativistas culturales, el retroceso de libertades individuales o colectivas es siempre una desgracia. La actitud y la militancia de Mariam es un retroceso de la libertad en ambos aspectos. Invita a las de su comunidad a que impongan sus "valores religiosos" a toda la que pique, para que todas nos enteremos de lo que es hacerse respetar como mujer. Y mira Mariam: yo también estoy en desacuerdo con el tratamiento de las mujeres en las técnicas publicitarias y con el patriarcalismo todavía abusivo que sufrimos las mujeres en las sociedades occidentales; pero lo que tu invitas a practicar, querida Mariam, es hundirnos más en la opresión. En la opresión desde la vertiente religiosa, ahora que en España estamos empezando a salir de una época oscura en la que la iglesia católica cercenó toda libertad que se nos pusiera por delante, empezando por la de pensar. No te das cuenta, Mariam, de que has tenido el privilegio de nacer en una democracia, ¡qué lástima!
TERESA LÓPEZ PARDINA. DOCTORA EN FILOSOFÍA
(La reproducción de esta carta ha sido autorizada por la autora)
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TERESA LÓPEZ PARDINA: REFLEXIONES EN TORNO AL FEMINISMO Y LA LAICIDAD
A Celia Amorós y Henri Peña-Ruiz
que han hecho posibles estas reflexiones
Laicidad y feminismo
Desde el último tercio del siglo XX hasta hoy, la relación entre laicidad y feminismo se ha hecho más patente sobre todo en los países europeos, en relación con los flujos de población procedentes de otros continentes, y en los países musulmanes, donde el poder político y el religioso no están apenas delimitados.
Si bien entre los países europeos solamente Francia se define como un Estado laico, es cierto que los demás países de Europa se constituyen como Estados secularizados, entendiendo por secularización la reglamentación por parte del Estado de instituciones y conductas sociales que antes de la Modernidad eran regidas por la autoridad religiosa. En Europa la separación de competencias de las Iglesias y los Estados se ha ido haciendo paulatinamente y en función de las peculiaridades de cada país. Así, en Italia, donde la religión mayoritaria es la católica y en cuya península se halla incrustado el estado del Vaticano, la influencia de esta religión en las costumbres puede ser más uniforme que la de las diversas religiones entre los ciudadanos del Reino Unido, primer país donde la secularización se abrió camino desde finales del siglo XVII. No obstante, si bien la secularización puede describirse como una separación de la esfera religiosa de las competencias propias del Estado, el grado máximo de separación es el del Estado laico. Y, en cualquier caso, es el modelo que se perfila en Europa como meta a alcanzar. Hasta el punto de que no sólo en Europa, sino en todo el planeta se habla de laicidad cuando nos referimos a la inclusión de la religión en la esfera de lo privado, separándola así de la esfera de lo político, que es la esfera de lo público, regida por el Estado. Ello supone que las instituciones sociales públicas nunca pueden estar bajo la dirección de ninguna autoridad religiosa como tal; es decir, han de regirse por normas comunes establecidas por el Estado. El Matrimonio, la Magistratura, la Escuela, la Sanidad han de atenerse a la normativa estatal porque conciernen a todos los ciudadanos y son para uso de todos. Cuando tal segregación no existe, la religión se filtra en la vida cotidiana, en las relaciones familiares, en las prácticas del cuidado del cuerpo, y afecta de un modo especial a las mujeres, que son el colectivo más vulnerable en las sociedades patriarcales.
En los países de religión musulmana, donde no existe separación entre el orden político y el orden religioso, el patriarcado es más fuerte y el feminismo tiene, por ello, grandes dificultades. A veces, el poder político, aun declarándose laico, establece alianzas con el poder religioso, como lo hizo el general Nasser en Egipto, permitiendo actuar a los Hermanos Musulmanes y no admitiendo otro movimiento feminista que el encuadrado en su partido, como sección femenina del nasserismo. En Egipto todavía hoy no han conseguido las feministas erradicar la práctica de la escisión del clítoris (que afecta al 90% de la población según estadística del año 2006), práctica que muchos padres –tanto musulmanes como cristianos coptos- aún conciben como una salvaguarda contra las desviaciones en que puedan caer sus hijas.
Feministas relevantes como Nawal-el-Saadawi y Farida al-Nakash sostienen que la religión siempre es una traba porque todas las consideraciones sobre la inferioridad de las mujeres con respecto a los hombres surgen de las religiones.
Nawal-el-Saadawi, que recientemente se ha visto obligada a exiliarse tras ser amenazada de muerte a raíz de la reedición en Mayo de su obra de teatro titulada en inglés God resigns at the Summit Meeting, está llevando a cabo una investigación comparativa de las tres religiones del Libro, precisamente desde la convicción de que todas ellas son opresivas para las mujeres, no sólo la musulmana. Saadawi se manifiesta radicalmente laicista. “La religión es un asunto privado; el que quiera rezar, debería rezar en casa. Y si quiere dedicarse de un modo más específico a ello, también debería ser en casa. El Estado debería estar totalmente secularizado” declaraba en una entrevista a Sophie Smith en Enero de 2006. Saadawi hace notar que los Estados musulmanes, a lo largo de la historia, han ido adaptando las leyes coránicas a las necesidades socio-políticas sin que las autoridades religiosas se opusieran, lo mismo que en Europa el cristianismo se adaptó a la Modernidad- pero, en lo que se refiere a las mujeres han actuado mucho mas lentamente, como lo muestran las leyes relativas al matrimonio y la familia. Según un informe de la ONG Human Rights Watch, la ley de divorcio egipcia, aprobada en 2000, es muy discriminatoria para las mujeres, pues aunque pueden acogerse a la fórmula de divorcio no causal, en ese caso tienen que renunciar a sus derechos económicos, con el problema enorme que eso supone si además tienen que hacerse cargo de los hijos; y si, por el contrario, se acogen a la fórmula del divorcio causal tienen que demostrar con testigos el daño infligido por el esposo, cosa que la mayoría de las veces es imposible. Los hombres, sin embargo, tienen un derecho unilateral e incondicional al divorcio.
En diversos países europeos han surgido problemas sociales y tensiones políticas en los últimos años que tienen como una de sus causas esa filtración sutil de la religión en forma de creencias morales, sexuales y/o sociales, formas de relación intragrupales, en definitiva en forma de prejuicio conformador de lo que se viene llamando “identidad cultural” “derecho a la diferencia” o “derecho a formas de conducta propias de una cultura”.
Las denuncias de estos prejuicios, o las conductas que no responden a la sumisión requerida por ellos, producen respuestas violentas por parte de quienes los defienden; respuestas que van del asesinato –Theo van Gogh en Holanda, Sohane en Francia- a las violaciones colectivas -practicadas en los barrios obreros por los chicos contra las que no se someten a las reglas de la tribu- o el maltrato habitual a las mujeres. Como escribe Fadela Amara, los jóvenes de los barrios “sienten que están jodidos hagan lo que hagan y que la única salida que tienen es la violencia, que se ejerce a través de la dominación de los más débiles, es decir, en primer lugar, de las chicas”[2].
Cierto que tales situaciones de violencia tienen causas desencadenantes de tipo social como el paro, las carencias de equipamientos educativos, sanitarios, recreativos y la falta de perspectivas de futuro para una juventud que los Estados europeos no se han ocupado de integrar como se requería. Es en este contexto cuando el recurso al Islam funciona como un refuerzo de las costumbres y de la identidad entre los inmigrantes, tal como lo ha señalado la historiadora tunecina Sophie Bessis[3]. Se multiplican las prohibiciones paternas para las chicas, y los tabúes con respecto al sexo; la vida cotidiana se convierte en un infierno: no pueden salir de casa cuando quieren, no pueden tener relaciones con un chico, no pueden invitar a su chico a casa; no pueden salir y volver tarde, como hacen sus hermanos. Es lo que ha podido constatar Fadela Amara en sus contactos con las mujeres de cultura musulmana de los barrios obreros. Por eso su recomendación para el feminismo político, en el que ella está comprometida, es la de: “centrarse en la lucha contra la violencia sexista, contra las formas de violencia conyugal, por la igualdad salarial, por una mayor atención al desarrollo de la carrera profesional (...) todos aquellos ámbitos en los que la igualdad entre los sexos no se respeta”[4].
Precisiones conceptuales.
Si convenimos en que el feminismo es un pensamiento emancipador, según el cual no hay diferencias ni desde el punto de vista ontológico, ni desde el punto de vista moral, ni desde el punto de vista psico-social entre los sexos, entonces el efectivo reconocimiento de esta afirmación que, por el momento, es tanto una convicción mental cuanto un ideal político, supone la laicidad. El feminismo es una planta que no puede crecer sino en el bancal de la laicidad. Sin laicidad no hay auténtica libertad ni igualdad entre hombres y mujeres. No puede haber laicidad sin feminismo; y no es posible una sociedad plenamente feminista sin laicidad. Desde el punto de vista lógico podemos pensar la laicidad como una clase más amplia en la que la clase del feminismo estaría incluida. Así, por ejemplo, la república francesa se define como Estado laico, pero no podríamos por ello afirmar que constituya por ello una sociedad feminista, si esto segundo no se explicita, como es el caso. Parafraseando a Kant podríamos decir que estamos en tiempo de feminismo[5], pero todavía no hemos alcanzado sociedades plenamente feministas. El feminismo no es efectivo sino cuando las libertades florecen y la igualdad es un derecho plenamente adquirido; y la igualdad de todos los ciudadanos –como se indica más arriba- incluye la abolición de las distinciones en razón del sexo.
Siguiendo al profesor Peña-Ruiz, “la laicidad consiste en liberar la esfera de lo público, en su totalidad, de cualquier injerencia que se ejerza en nombre de la religión o de otra ideología concreta” [6] Ello supone una emancipación simultánea de las personas, del Estado y de las instituciones públicas. El término laicidad se refiere también al ideal universalista del pueblo soberano cuya unidad excluye todo tipo de privilegios, tanto de los grupos como de los individuos. En su etimología, laicidad viene de la palabra griega laos que designa la unidad del pueblo; pero para que el pueblo soberano sea una realidad indivisible, una realidad que excluya todo tipo de divisiones fundadas en privilegios, es necesario que se cumplan “tres requisitos absolutamente indisociables: la libertad de conciencia, correspondiente a la emancipación de las personas, la igualdad de todos los ciudadanos, sin distinción de origen, sexo ni creencias y el objetivo del interés general como única razón de ser del Estado” [7]
Feminismo y laicidad, sendas paralelas.
El pensamiento feminista, desde sus comienzos en la Modernidad, ha sido una reivindicación de libertad e igualdad para las mujeres en los mismos términos en los que se plantean en el ámbito de la laicidad. Porque feminismo y laicidad son, ambos, frutos del pensamiento moderno. Un pensamiento que hace de la razón el instrumento exclusivo del saber y de sus argumentos la única garantía de verdad. La Modernidad y la Ilustración, que será su continuación, irracionalizarán las diferencias de cuna, y en consecuencia, la justificación de la sociedad estamental y todas sus instancias de legitimación; el feminismo, como fruto del árbol de la Modernidad, irracionalizará las diferencias entre los sexos: si la razón no tiene sexo, escribirá el cartesiano Poulain de la Barre, entonces las discriminaciones de tipo social y cultural, que se aplican a las mujeres, no tienen sentido. Y, a continuación, argumentará –en una obra dedicada al tema de la educación de las damas- la conveniencia social de procurarles una educación del mismo nivel que a los varones, por dos razones básicas; la primera, porque tienen la misma capacidad de recibirla que ellos y la segunda, porque dado que se les asigna la tarea más difícil de todas, que es la de educar a los niños, cuanto más sabias y cultas sean, mejores educadoras serán, y toda la sociedad se beneficiará del mayor nivel cultural de las personas que la dirijan en el futuro.
Un siglo después de Poulain, cuando el pensamiento feminista apunta hacia espacios públicos, aflorará en Condorcet en forma de petición de igualdad de derechos al voto y a la tribuna. Partiendo de la idea moderna de la igualdad natural de todos los seres humanos, reclama Condorcet también el reconocimiento de los mismos derechos a las personas de ambos sexos y, en consecuencia, la extensión del derecho de ciudadanía a las mujeres, en una propuesta dirigida a la Asamblea nacional en 1790. En previsión de las objeciones que se le pudieran hacer, como la de que las mujeres no tienen el sentido de la justicia, sostiene que este sentido se adquiere mediante la educación; y a la objeción de que las funciones públicas las alejarían de las tareas que la naturaleza parece haberles reservado (la crianza de los hijos, el cuidado de los maridos), alega que ello no es razón para negar un derecho y, por tanto, no puede ser fundamento de exclusión.
La actitud moderna e ilustrada de Condorcet consiste, como puede observarse, en el método de volver irracional, mediante la razón, el argumento de los que se oponen a su propuesta. Y esta misma será la estrategia de Olympe de Gouges, cuando en 1791 elabore una Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana con 17 artículos, paralelos a los de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en los que sostiene el derecho de las mujeres a la ciudadanía, alegando que si las mujeres son seres humanos de la misma naturaleza que los hombres, sería irracional pensar que sólo los hombres tienen derechos.
El iusnaturalismo como premisa filosófica para argumentar la igualdad de derechos es una de las ideas maestras de la Ilustración y una de las ideas que están en la base tanto de la laicidad como del feminismo. Para la laicidad es la base de un argumento de emancipación de las personas, y para el feminismo es la base de un argumento de irrelevancia del sexo en relación con la ciudadanía. El método válido para la argumentación en los dos ámbitos consiste en irracionalizar el orden de cosas que hay que cambiar: en el caso de la laicidad, la discriminación por el nacimiento; en el caso del feminismo, la discriminación de la ciudadanía en razón del sexo. Descartes había advertido de la necesidad de liberarse de los prejuicios para avanzar en el conocimiento, “para establecer la verdad en las ciencias” según decía. Los ilustrados extenderán el combate del prejuicio a nuevos campos mostrando que es un modo no racional de pensar.
Este mismo método de irracionalización de las tesis del contrario mediante argumentaciones racionales, será también seguido por la escritora inglesa Mary Wollstonecraft, una de las pioneras entre las teóricas del feminismo. Wollstonecraft polemiza con Rousseau, filósofo ilustrado a quien tanto admira por sus teorías políticas, mostrando sus incoherencias teóricas y echando por tierra el doble concepto que el ginebrino esgrime de la naturaleza humana en función del sexo. Wollstonecraft desenmascara los prejuicios rousseaunianos desde una perspectiva similar a la de Poulain de la Barre, denunciando la concepción que de la mujer sostiene Rousseau como una impostura intelectual consistente en tomar por naturaleza lo que es cultura. El personaje de Sofía, como modelo de mujer, esposa del ciudadano Emilio y madre de ciudadanos, que Rousseau presenta en su Emilio o de la educación responde al estereotipo patriarcal y no a una supuesta naturaleza o esencia femenina, diferente de la masculina en razón del sexo. Si Poulain de la Barre partía de la afirmación de que la razón no tiene sexo para reivindicar igual valoración moral para mujeres y hombres, Wollstonecraft va a desmontar la existencia de una feminidad frente a la masculinidad como dos elementos esenciales que diferencian a mujeres y hombres y que modulan su comprensión del mundo, sus habilidades, sus capacidades y sus actividades.
Lo que Wollstonecraft irracionaliza es que la sexualidad condicione la inteligencia, la sensibilidad, los afectos y los deseos de las mujeres, como sostiene Rousseau, hasta el punto de constituir para ellas una especie de segunda naturaleza subordinada a la naturaleza viril de los hombres. Considera Wollstonecraft una incoherencia en este pensador el que tras haber afirmado que todos los seres humanos nacen libres e iguales y haber propuesto el contrato social como fórmula política para legitimar esta igualdad de la naturaleza humana, excluya a las mujeres de la voluntad general.
Wollstonecraft considera que cuando Rousseau en el Emilio afirma la diferente naturaleza de hombres y mujeres –debida a la diferencia de sexos- toma como naturaleza lo que es una idea cultural, toma como concepto de naturaleza lo que es un prejuicio de la cultura. Así, a afirmaciones de Rousseau sobre los sexos tales como: “el uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil(...)“la mujer está hecha especialmente para gustar al hombre (...) y para ser sometida”[8], Wollstonecraft argumenta que es muy poco razonable pensar que si todos somos hijos de Dios, la mitad de los hijos esté oprimido por la otra mitad y que habrá que aprender a razonar todos juntos y a someternos a la autoridad de la razón cuando su voz se deje oir con claridad[9].
La operación mitificadora de Rousseau consiste, según Wollstonecraft, en partir de la observación de las mujeres que tiene a su alrededor para definir lo que es la mujer según la naturaleza[10] y, a partir de ahí describir a la mujer ideal según el nuevo paradigma de familia patriarcal que propone, el cual está inspirado en la sociedad de su tiempo reforzando los rasgos de subordinación, que estaban siendo cuestionados en la época por las corrientes ilustradas de pensamiento.
Por lo que se refiere a las diferencias en inteligencia condicionadas por el sexo, Rousseau atribuye a los varones las aptitudes para la abstracción, la capacidad de crear sistemas de pensamiento; a las mujeres la aptitud para la observación de lo concreto, el detalle, lo útil. En cuanto a las aptitudes naturales: “la mujer está hecha para ceder ante el hombre, incluso para soportar la injusticia, mientras que en los muchachos brota el sentimiento del interior y se rebela contra la injusticia; la naturaleza no los hizo para tolerar” [11]. Ante estas conceptualizaciones Wollstonecraft afirma que los hombres se comportan con las mujeres cuando las condenan a la ignorancia como la aristocracia trata al pueblo. Y se pregunta si en el estado de naturaleza es característica propia de los humanos la igualdad ¿por qué en sociedad debe la mujer estar sometida al varón? Y, dado que la propuesta socio-política de Rousseau en El contrato social es iusnaturalista, ¿por qué excluye a las mujeres de la voluntad general? Si, inconsecuente con sus propios planteamientos, Rousseau admite que las mujeres son naturalmente inferiores a los hombres a causa de su sexo, ¿por qué no establecer correctivos de tipo social y político para compensar esa inferioridad?[12] Eso sería llevar el iusnaturalismo del ginebrino más allá de la diferencia de sexos, superar la diferencia de sexos, ya que, si “la razón no tiene sexo” como afirmaba Poulain de la Barre, y “en todo lo que no depende del sexo la mujer es hombre” [13], consigamos el reconocimiento moral, social y político de esta igualdad racional en la que creemos
Así pues, Mary Wollstonecraft, aplicando el método de irracionalización de los argumentos para desenmascarar los prejuicios, lleva los argumentos de Rousseau a una mayor racionalidad, de manera que, si Rousseau con su teoría del contrato social estaba poniendo las bases del laicismo, Wollstonecraft aplicando con mayor rigor la razón –tal como pedía Descartes- estaba elaborando las primeras formulaciones del pensamiento feminista como una ampliación de la razón en un espacio más vasto donde todavía hay prejuicios que desenmascarar.
En el siglo XX, será Simone de Beauvoir quien, de un modo más prístino, combata desde la razón los irracionalismos de la cultura que en forma de prejuicios han hecho de la mujer la “otra” con respecto al varón.
Como es sabido, la indagación feminista de Beauvoir comienza por el análisis de los mitos, tan ligados a las religiones, y es entonces cuando descubre que este mundo en el que vivimos es una construcción cultural hecha por hombres, que los mitos sobre las mujeres han sido elaborados por hombres y que las costumbres, las creencias, la legislación son otros tantos instrumentos culturales mediante los cuales la sociedad elabora “ese ser intermedio entre el hombre y el castrado” que es la mujer, un ser que ha de hacerse su ser a través de lo que los hombres le dicen que es y que ha de buscar su autonomía en lucha contra lo que le hacen ser.
Utilizando una terminología que procede de Hegel, Beauvoir explica que la mujer es en nuestras culturas occidentales –las que ella toma como referencia- la “Otra” con respecto al hombre, quien es el Mismo, el que decide los valores, el que impone las normas y oprime a las mujeres.
Con la metodología de aplicar la razón a la eliminación de los prejuicios –ahora en el registro del existencialismo- nuestra filósofa interroga a todas las instancias del saber y desenmascara la justificación de tal estado de cosas. Todas las ciencias que se relacionan con lo humano –como la biología, la psicología, la historia, la antropología y la sociología- son sometidas a la prueba de la razón ilustrada. Hecha la indagación, el resultado es que ninguna de las ciencias interrogadas, ni naturales ni humanas puede dar cuenta de esa conceptualización de “otras” aplicada a las mujeres. Luego, tal calificación no procede de la razón. El origen de tal malentendido procede, entonces, de la creencia, del prejuicio. Beauvoir lo encuentra en las religiones del Libro, en los usos morales y sociales, en la distribución del poder familiar, en la educación que se da a las niñas, en la literatura, en as leyes y en la estructura del poder que en todas las sociedades conocidas es patriarcal.
Los mensajes procedentes de cada una de las instancias mencionadas no resisten la prueba de la razón desmitificadora. La convicción que acuñó la Modernidad, según la cual todos los seres humanos nacen libres e iguales, se traduce en el existencialismo beauvoireano en la definición del ser humano como existente libre que ha de hacer su ser en el cumplimiento de sus proyectos humanos. La mayoría de las mujeres, no ejercen como seres humanos que son; algunas porque no quieren, pero la mayoría porque no pueden. Desde niñas, reciben el mensaje de que son “otras”, inferiores a los niños y de que, como tales, tienen un destino contra el que no se puede luchar. Es así como se construye la feminidad o el género, dicho en lenguaje actual, porque, como lo expresó Beauvoir en un enunciado que se hizo célebre, “no se nace mujer, se llega a serlo”. La feminidad es un mito que hay que desenmascarar; el género es una construcción cultural sobre el sexo y todos, mujeres y hombres, hemos de construir nuestra identidad singular y autónoma con el ejercicio de nuestra libertad a través de proyectos. Para el niño “actuando es como construye su ser, al mismo tiempo. Por el contrario, en la mujer hay al principio un conflicto entre su existencia autónoma y su “ser-otra; se le enseña que para gustar hay que tratar de gustar, hay que hacerse objeto; debe, pues, renunciar a su autonomía”.[14]
La religión (occidental) enseña que Dios Padre es hombre, “un anciano dotado de una particularidad específicamente viril, una espesa barba blanca (...) los representantes de Dios a la Tierra [...] son hombres. [...] la Virgen recibe de rodillas las palabras del ángel y responde exclamando: Soy la esclava del Señor”[15]. En los mitos religiosos, desde el Levítico hasta nuestros días, se nos invita a tomar distancias de las mujeres, por su impureza.
Aunque las iglesias cristianas declaran la igualdad metafísica de todos los seres humanos, no lo han reconocido ni tolerado en el ámbito socio-político, como hace notar el profesor Peña-Ruiz[16], y lo mismo cabe decir de la religión coránica. Tampoco es cierto que el cristianismo sea el origen de los Derechos Humanos; los Derechos Humanos, según el mismo autor, tienen su origen en la cultura griega clásica, no en las religiones occidentales. También Beauvoir nos muestra que la religión es un elemento sumamente importante en la construcción de la feminidad.
Otro elemento fundamental son las costumbres familiares y sociales que refuerzan e inculcan el rol de “otras” en las mujeres induciendo en ellas el valor de la sumisión, la dependencia, la aceptación de ser siempre dirigidas por los varones y la “vocación” de madres y esposas por encima de cualquier otra elección, es decir, su destino social. Todo este universo de valores se ve ratificado por las leyes: Beauvoir denuncia en su famoso ensayo los abortos clandestinos en Francia, cuando el aborto estaba prohibido por la ley en los años 40, y el uso de anticonceptivos; todavía hoy existe la discriminación –no contemplada por casi ninguna legislación- de las mujeres para cargos directivos en la empresa privada y en la pública (si bien en esta más soterradamente) como muchos estudios lo demuestran; y la violencia ejercida contra las mujeres en el seno de la familia apenas en Europa empieza a ser contemplada por la legislación. Como escribe Beauvoir : “Para la jovencita (...) hay un divorcio entre su condición propiamente humana y su vocación femenina. [...] Es una extraña experiencia para un individuo que se siente sujeto, autonomía, trascendencia, algo absoluto, descubrir en sí mismo, en calidad de esencia dada, la inferioridad [...] es lo que le ocurre a la niña cuando, al hacer el aprendizaje del mundo se percibe como mujer” [17].
Beauvoir denuncia, sobre todo, la mentalidad cultural dominante, más invisible que las leyes y las creencias, pero involucrada en ellas y fruto de ellas; un ámbito del cual hay que mostrar la irracionalidad si queremos lograr la plena igualdad democrática y el reconocimiento de nuestra igualdad metafísica y psíquica con los hombres. Lo primero es una cuestión sin resolver por la laicidad; lo segundo es una cuestión de lucha para el feminismo todavía hoy.
En el siglo XXI sigue, pues, el feminismo reivindicando la igualdad entre los sexos, como siglos antes lo hicieran Poulain de la Barre, Mary Wollstonecraft, o Simone de Beauvoir, y siguen las feministas conscientes del peligro que para sus objetivos representan las constricciones inducidas por la religión. Por eso, las procedentes de culturas no europeas, como las feministas egipcias mencionadas más arriba, la somalí Aayan Hirsi Ali, la argelina Zazi Zadu, la iraní Chahdortt Djavann o la tunecina Sophie Bessis invocan las virtualidades del Estado laico como garantía de protección de los derechos de las mujeres, es decir, como marco imprescindible para alcanzar la igualdad entre los sexos.
La laicidad, como fórmula socio-política que garantiza la igualdad de derechos a cada uno de los ciudadanos y como medio de hacer convivir las diferentes creencias religiosas, relegadas a la esfera de la privacidad, y el feminismo, como reconocimiento pleno de la igualdad de las personas sin reparar en la diferencia de sexos, son ambos conceptos que expresan un horizonte que los humanos pretendemos alcanzar. Laicistas y feministas sabemos que hemos de emplear a fondo nuestras energías para llegar a él, pero estamos convencidos de que la aproximación es inexorable.
[1] Una versión primera de este trabajo ha sido publicada en francés en el número 64 de la revista Chimères, revue des schizoalyses, noviembre 2007.
[2] Ni putas ni sumisas. Madrid, Cátedra, 2004. pg. 93
[3] Occidente y los otros. Madrid, Alianza editorial, 2002.
[4] Ibid., pg. 111.
[5] Este es precisamente el título de un libro de C. Amorós publicado en 1997, Tiempo de feminismo, ed. Cátedra, Madrid. A la misma autora debo también el uso de la idea, que utilizo a continuación, de la irracionalización del prejuicio.
[6] Peña Ruiz, H. La laïcité , París GF Flammarion, 2003. pág. 13. Véase también, del mismo autor, La emancipación laica, Madrid, Ediciones del Laberinto, 1999.
[7] Ibid.
[8] Emile ou de l´éducation, Paris, GF Flammarion, 1966, pág. 466. (Traducción mía de éste y de todos los demás textos citados en edición francesa)
[9]Vindicación de los derechos de la mujer. Madrid, Debate, 1977, pág.172.
[10] Wollstonecraft, op. cit. pág. 154.
[11] Emile, pg. 520
[12] Véase, R. Cobo: “La construcción social de la mujer en Mary Wollstonecraft” en Historia de la teoría feminista. Universidad Complutense-Comunidad de Madrid, Madrid, 1994. Y también Jean-Jacques Rousseau. Los fundamentos del patriarcado moderno. Madrid, Cátedra, 1998.
[13] Emile, op.cit. pg. 465.
[14] Le Deuxième Sexe, II, Paris, Gallimard, 1962 , pg. 27. (La traducción es mía, como en los textos anteriores).
[15] Ibid., pg. 38.
[16] La laïcité, 91.
[17] Ibid. II, pgs. 89 y 47.
LÓPEZ PARDINA, Teresa, “Reflexiones en torno al feminismo y la laicidad” en Amorós Puente, Celia y Posada Kubissa, Luisa (eds.), Feminismo y multiculturalismo, Madrid, Instituto de la mujer, 2007, col. Debate, nº 47, ISBN.: 978-84-690-9856-1, 287 pp., págs.: 261-269.
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domingo, 16 de agosto de 2009
NONI BENEGAS: DE ESE ROCE VIVO
Pensamos juntas,
es un leve aleteo,
me dices cuídate
y siento la conseja
como un breve apretón,
aquel que hiciste
dibujando con el gesto
una eternidad de tu mano,
para siempre
en la mía.
De ese roce vivo.
……………
Allí anduvimos la lluvia,
el fog, la noche, la bruma,
el día con su alcancía,
la tarde, revelación,
la voz de a dos, desparpajo,
desdoblada en puro eco
de otra que me sostiene
como un hilo del balero
siempre inversa,
la versión del cielo cuelga
y es el suelo nieve o nube,
siempre siempre
desparejo,
ni me caigo ni tú flotas
así vamos, vuelve o viene
el espacio en otro espacio.
BENEGAS, Noni, De ese roce vivo, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2009, ISBN: 978-84-8374-767-4, 65 pp., págs.: 41 y 53.
es un leve aleteo,
me dices cuídate
y siento la conseja
como un breve apretón,
aquel que hiciste
dibujando con el gesto
una eternidad de tu mano,
para siempre
en la mía.
De ese roce vivo.
……………
Allí anduvimos la lluvia,
el fog, la noche, la bruma,
el día con su alcancía,
la tarde, revelación,
la voz de a dos, desparpajo,
desdoblada en puro eco
de otra que me sostiene
como un hilo del balero
siempre inversa,
la versión del cielo cuelga
y es el suelo nieve o nube,
siempre siempre
desparejo,
ni me caigo ni tú flotas
así vamos, vuelve o viene
el espacio en otro espacio.
BENEGAS, Noni, De ese roce vivo, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2009, ISBN: 978-84-8374-767-4, 65 pp., págs.: 41 y 53.
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