sábado, 18 de septiembre de 2010

SILVIA CUEVAS-MORALES: POLIAMORA



XIII

Cuando se deslice aquella última lágrima
de mis ojos moribundos
que tu corazón palpite sosegado
pues sólo tú supiste llegar
hasta mi ser más profundo.



Cuevas-Morales, Silvia, Poliamora, Puerto Rico, Editora Educación Emergente, 2010, p. 73



martes, 22 de junio de 2010

ASUNCIÓN OLIVA PORTOLÉS: LA RECUPERACIÓN DE UNA VOZ MARGINADA: DORIA SHAFIK, FEMINISTA EGIPCIA


Me llamó la atención el hecho de que muchas de las teóricas que estudian desde hace unos veinte años el feminismo en el país del Nilo fueran muy críticas con ella por la preponderancia de lo que consideran las influencias occidentales que recibió. Estas autoras emplean un discurso en el que se contrapone “Occidente” a “Oriente” o al “Islam”, dicotomías que, a mi modo de ver, sólo sirven para dividir y confundir. (pp.11- 12)

En el momento histórico en el que vivimos, la cuestión de las relaciones entre el Islam y las mujeres es de plena actualidad. El auge del fundamentalismo islámico en muchos países hace que las mujeres se consideren el máximo exponente de la “identidad” de su cultura y se les exija “cubrirse” (velo, niquab, chador, burka) para ocultarla, se les nieguen sus derechos, se las supedite a los maridos, se permita la poligamia, se considere un “rasgo cultural” casar a las mujeres desde niñas con hombres mayores que ellas, por no hablar de una costumbre que, pese al trabajo de muchas mujeres en Egipto y el resto de África, está todavía muy extendida, la clitoridectomía, a la que ya he aludido. En los países en los que rige la sharia o ley islámica se les infligen castigos como la lapidación a “adúlteras” o las palizas dadas a las mujeres que se suponen “prostitutas” por los varones de su familia (un caso recientemente ocurrido en el Norte de Pakistán, donde el Gobierno central ha consentido la implantación de la sharia). Por otra parte, en los países a los que los musulmanes han emigrado, tanto en los EE.UU. como en los países europeos y en Australia se producen enfrentamientos sobre el respeto a los derechos culturales de las minorías, que afectan muy especialmente a las mujeres.
Por todas estas razones parece urgente la recuperación de una voz como la de Doria Shafik para no olvidar el hecho de que las mujeres han luchado por sus derechos en Egipto, pero también en Turquía, en la Persia del Sha y en el actual Irán, así como en otros países musulmanes desde mediados del siglo XIX y durante todo el siglo XX, sin renegar de la misma tradición que hoy se lo prohíbe terminantemente. Para saber también que han existido otras formas de entender el Islam que la del fundamentalismo. Y para subrayar que el feminismo es un movimiento que lucha por la emancipación de todas las mujeres y que, pese a lo que hoy se inculca en muchas mujeres musulmanas, la lucha por la liberación de las mujeres forma parte también de su cultura.
Quiero creer que Doria Shafik estaría de acuerdo con ello. (pp. 150-151)


Oliva Portolés, Asunción (2010), La recuperación de una voz marginada: Doria Shafik, feminista egipcia, Madrid, Huerga y Fierro, 156 pp. ISBN: 978-84-8374-823-7.

jueves, 6 de mayo de 2010

DOLORES JULIANO: EXCLUIDAS Y MARGINALES

Aprendemos desde la infancia que las cosas son como parecen ser, y que las evidencias no deben ser cuestionadas. La religión nos exige fe, la escuela nos enseña a aceptar los criterios de autoridad de la ciencia, los políticos nos piden que confiemos en ellos. Los refranes populares que dicen “Cuando el río suena, agua lleva” o aún más claramente “Piensa mal y acertarás” nos reafirman en la idea de que siempre hay algo de verdad en nuestros prejuicios, que “Si todos lo dicen, por algo será”.
Pero las realidades sociales son complejas, y difícilmente se corresponden con las lecturas “ingenuas” que nos hacemos de ellas. Más aún, esas verdades de sentido común, esas cosas que todo el mundo sabe sobre los problemas sociales, son a su vez discursos construidos, fenómenos sociales ellos mismos que necesitan interpretación. Quizá las preguntas básicas para emprender una investigación antropológica sean: ¿Y si las cosas pudieran verse de otra manera?, ¿y si aquello que damos por sabido reflejara sólo una de las formas posibles de acercarnos a los hechos?, ¿y si no hubiera evidencias, ni certezas y tuviéramos que asumir la responsabilidad y el riesgo de presentar nuestras propias elaboraciones (incluidas nuestras dudas) para la discusión y la crítica?
Abandonar el ámbito de las ideas recibidas requiere un esfuerzo, y además puede ser entendido como una provocación.



En el nombre del Padre,
que es el del Hijo,
y el del Hijo del Hijo
hasta el tiempo del Espíritu Santo.
Donde se esconde el nombre de la Madre,
olvidado, disperso, negado.
Una muchacha de apellido Blanco,
parió a los hermanos Lillo
y la más pequeña de los Lillo,
dio a luz a las hermanas Corregido,
la mayor de las cuales
tuvo cinco hijos Juliano,
entre los que me encuentro.
Y mis hijos son Díaz,
y los de mi hija, Morales.
Es difícil seguir el linaje materno.
En este escamoteo del nombre y de la imagen.
¿Dónde podré guardar el nombre de mi madre?

Dolores Juliano (23 de noviembre de 1999)




JULIANO, Dolores(2006), Excluidas y marginales, Madrid, Cátedra, 228 pp., págs.:10 y 91.

domingo, 28 de marzo de 2010

LUIS DE GÓNGORA: ANTOLOGÍA POÉTICA


Ciego que apuntas y atinas,
caduco dios y rapaz,
vendado que me has vendido
y niño mayor de edad,
por el alma de tu madre
-que murió siendo inmortal,
de envidia de mi señora-,
que no me persigas más.
Déjame en paz, amor tirano,
déjame en paz.

Baste el tiempo mal gastado
que he seguido a mi pesar
tus inquietas banderas,
forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
pues yo te perdono allá
cuatro escudos de paciencia,
diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, amor tirano,
déjame en paz.

Amadores desdichados
que seguís milicia tal,
decidme, ¿qué buena guía
podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano ¿qué piedad?
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.

Diez años desperdicié,
los mejores de mi edad,
en ser labrador de Amor
a costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
aré un alterado mar,
sembré una estéril arena,
cogí vergüenza y afán.
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.

Una torre fabriqué
del viento en la raridad,
mayor que la de Nembrot,
y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
a la cárcel, libertad,
miel dulce al amargo acíbar,
principio al fin, bien al mal.
Déjame, amor tirano,
déjame en paz.

GÓNGORA, Luis de, Antología poética, Barcelona, Orbis, 1983, 11-12 pp.

domingo, 28 de febrero de 2010

FRANCISCO DE QUEVEDO: ANTOLOGÍA POÉTICA

SONETO AMOROSO DIFINIENDO EL AMOR


Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario a sí mismo!



QUEVEDO, Francisco de (1984), Antología poética, Barcelona, Plaza & Janés, 456 pp., pág. 101.

domingo, 24 de enero de 2010

PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA: LA VIDA ES SUEÑO

ROSAURA

Con asombro de mirarte,
con admiración de oírte,
ni sé qué pueda decirte,
ni qué pueda preguntarte;
sólo diré que a esta parte
hoy el cielo me ha guiado
para haberme consolado,
si consuelo puede ser
del que es desdichado, ver
otro que es más desdichado.
Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro (entre sí decía)
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.
Quejoso de la fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?,
piadoso me has respondido;
pues volviendo en mi sentido,
hallo, que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías
las hubieras recogido.
Y por si acaso mis penas
pueden en algo aliviarte,
óyelas atento, y toma
las que de ellas me sobraren.
Yo soy…



CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro (1972), La vida es sueño. Casa con dos puertas mala es de guardar, Barcelona, Ramón Sopena, 287 pp., págs.: 29-30

martes, 12 de enero de 2010

ISADORA DUNCAN: MI VIDA

El carácter de un niño está ya en su plenitud en el seno de la madre. Antes de que yo naciera, mi madre sufría una crisis espiritual; su situación era trágica. No podía tomar ningún alimento, excepto ostras y champaña helados. Si se me preguntara cuándo empecé a bailar, contestaría: “En el seno de mi madre, probablemente por efecto de las ostras y del champaña –el alimento de Afrodita.”Mi madre estaba en aquellos tiempos soportando una experiencia tan trágica, que solía decir con frecuencia: “Este niño que va a nacer no será normal”, y esperaba a un monstruo. Y, de hecho, desde el momento de mi natalicio, parece que empecé a agitar brazos y piernas con tal frenesí, que mi madre exclamó: “Ya veis que tenía razón: esta niña es maniática.” Pero más tarde, colocada con mis andadores en el centro de la mesa, era el divertimiento de toda la familia y de los amigos, y quería bailar todas las músicas que se tocaban.


.........




DUNCAN, Isadora; Mi vida, Madrid, Cenit, 1929, 366 pp., pág.: 19.

miércoles, 6 de enero de 2010

MONSERRAT GALLART I SANFELIU: TRENAT D´ONADES Y REMORS

CANT AL MAR

Etern vaivé de l´aigua,
ritme sord del mar de fons,
melodia d´alts i baixos compassats
damunt les platges de pedra cremada pel sol.
La teva música i els teus colors canviants
són vells poemes que conviden al goig
i la teva fredor és vida per al meu cos,
que retroba cada estiu el teu frec lleuger.

Vella companya, mar amiga,
nodrissera de tantes generacions,
Salomé que també t´has endut
vaixells i mariners.
Vella companya, mar amiga,
seda per a la meva pell,
besada per al meu rostre,
recer on Aquil les trobava consol…


GALLART I SANFELIU, Montserrat (2009), Trenat d´onades i remors, Manresa, Abadia editors, ISBN: 13: 978-84-96847-48-4, 111 p., pág.: 89
.

viernes, 25 de diciembre de 2009

RAQUEL OSBORNE: ÉRAMOS SÓLO NOSOTROS


¿Qué es este extraño mal de bronce
que tanto me golpea y me aturde?
¿Cómo llegó esta incertidumbre
de pensamientos desviados
sin saber de dónde vienen?
¿Qué se moverá
cuando de nuevo esta realidad invisible
pase por mi lado?
¿Qué oscura fibra
se sintió herida
al contacto… nada más de una sonrisa?
¿A dónde iré yo
cuando se combinen las dos fuerzas
que nacieron para odiarse?
El viento y la noche
se movían en el campo desapacible
dejando atrás
unos versos
escritos cuando el alma
no tenía otra cosa a que asirse
porque las palabras
no dijeron nada
y un espeso humo
ocultaba la mirada
y con todo
en lo oculto y lo sabido
en el campo y en la noche
éramos sólo nosotros
que jugábamos…
y perdimos.


LA PROVINCIA – Domingo, 13 de enero, 1974


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sábado, 12 de diciembre de 2009

MARÍA VICTORIA ATENCIA: EX LIBRIS

PASEO DE LA FAROLA

9,30

Seguiré atenta al rosa,
en verdad excesivo,
de un sol que ya decae
por frente a la baranda.

Las palomas alcanzan
a golpear mis párpados.



VENDEJA

Apilados seretes,
cajas de pasas, rubios
limones como senos,
entre nocturnos ritos
y antiguos menesteres:
vuestro olor moscatel
mi trastorno provoca.

Si no puede volverme
vuestro aroma a la infancia,
cerraré mis cristales.



NOCHE

La noche, desvelada,
recuerda las cosechas:
serán naranjas –y ellas
lo sabrán- cuando llegue
su zumo hasta mi boca
y el poso depositen
de su aroma en mi sangre.

¡Aplacad esta sed!



ATENCIA, María Victoria, Ex libris, Madrid, Visor, 2003, ISBN: 84-7522-185-8, 155 pp., págs.: 88,89 y 90.

JUANA CASTRO: VULVA DORADA Y LOTOS

Inanna

Como la flor madura del magnolio
era alta y feliz. En el principio
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca,
se amaba en la sombría
saliva de las algas,
en los senos vallado de las trufas,
en los pubis suaves de los mirlos.

Dormía en las avenas
sobre lechos de estambres
y sus labios de abeja
entreabrían las vulvas
doradas de los lotos.
Acariciaba toda
la luz de las adelfas
y en los saurios azules
se bebía la savia
gloriosa de la luna.
Se abarcaba en los muslos
fragantes de los cedros
y pulsaba sus poros con el polen
indemne de las larvas.

¡Gloria y loor a Ella,
a su útero vivo de pistilos,
a su orquídea feraz y a su cintura.
Reverbere su gozo
en uvas y en estrellas,
en palomas y espigas,
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. Sola!




El gozo

Porque soy como ella me ha besado y me ha dicho:
Estás limpia, no temas. Ahora el mundo
no será más tan frío. Mira sólo mis ojos
cuando te alcance el miedo.
Toma entero este gozo
que es el tuyo y el mío.
La sal de las historias ni siquiera
podrá rozar tu nombre, María, ni el deseo.

Saciada por saciada, cuánta dicha
se entregará a tu pie. Mi dueña mía.


CASTRO, Juana, Vulva dorada y lotos, Madrid, Sabina Editorial, S.L., 2009, ISBN: 978-84-936378-9-7, 89 pp., págs.: 11-12 y 67.

martes, 10 de noviembre de 2009

RAQUEL OSBORNE: APUNTES SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO





















REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA


vol. 6 Nº 2 (2011)
[es]
Raquel OSBORNE. Apuntes sobre violencia de género. Edicions Bellaterra, Barcelona, 2009. 187 páginas
535-540
PDF
Isabel Jiménez Carrasco






Índice




Introducción, 11



1. La violencia de los modelos de género, 17
Introducción, 17. Marco conceptual, 18. Ámbito internacional, 23. Cuestión de terminología, 27. La historia comienza con el feminismo, 32. Divergencias entre las violencias de mujeres y varones, 35. La diferente socialización de género, 41. El poder del amor, 44. Resumen, 48

2. La violencia sexual como forma de control de las mujeres, 53
Introducción, 53. La violencia sexual y el control de las mujeres, 56. Causas estructurales de las agresiones sexuales, 64. Propiedad, sexualidad, violencia, 69. El sistema penal, o la ley del embudo, 76. Resumen, 80

3. Los malos tratos: un problema estructural, 83
Introducción, 83. La ampliación de las cifras de la violencia: Las Macroencuestas, 90. La amalgama de sexismo y maltrato, 95. Violencias perpretadas por mujeres, 100. La primacía del enfoque de género, 105. Familia y roles de género, 107. El ciclo de la violencia, 111. La Ley Integral, 114. La “excesiva” judicialización del problema, 116. La denuncia obligatoria, 118. Intervención desde el sistema sanitario, 123. Los tratamientos terapéuticos, 128. Resumen, 133.

4. El acoso sexual como indicador patriarcal, 137
Introducción, 137. El cruce entre trabajo, sexualidad y género, 141. Rasgos del acoso sexual, 145. Estrategias ante el acoso, 153. Resumen, 158

5. Mujeres, guerra y violencia de género, 161
Introducción, 161. ¿Son las mujeres pacifistas? Del sufragio al ecofeminismo, 164. La participación de las mujeres en las guerras, 168. Las “otras” en la guerra: la importancia militar de la violencia patriarcal, 176. La tolerancia hacia las agresiones bélico-sexistas, 179. Resumen, 184










OSBORNE, Raquel, Apuntes sobre violencia de género, Barcelona, Bellaterra, 2009, ISBN: 978-84-7290-465-1, 187 pp.




www.feministas.org/IMG/pdf/Mesa_Violencia_Raquel_Osborne.pdf







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domingo, 8 de noviembre de 2009

GABRIELA MISTRAL: POESÍAS

YO NO TENGO SOLEDAD

Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!

(p: 162)

MIEDO

Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Se hunde volando en el cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!


(p: 262-263)

PROMESA A LAS ESTRELLAS

Ojitos de las estrellas
abiertos en un oscuro
terciopelo: de lo alto
¿me veis puro?

Ojitos de las estrellas,
prendidos en el sereno
cielo, decid: desde arriba,
¿me veis bueno?

Ojitos de las estrellas,
de pestañitas inquietas,
¿por qué sois azules, rojos
y violetas?

Ojitos de la pupila
Curiosa y trasnochadora,
¿por qué os borra con sus rosas
la aurora?

Ojitos, salpicaduras
de lágrimas o rocío,
cuando tembláis, allá arriba,
¿es de frío?

Ojitos de las estrellas,
fijo en una y otra os juro
que me habéis de mirar siempre,
siempre puro.

(p: 326)


LA DICHOSA

A Paulina Brook

Nos tenemos por la gracia
de haberlo dejado todo;
ahora vivimos libres
del tiempo de ojos celosos;
y a la luz le parecemos
algodón del mismo copo.

El Universo trocamos
por un muro y un coloquio.
País tuvimos y gentes
y unos pesados tesoros,
y todo lo dio el amor
loco y ebrio de despojo.

Quiso el amor soledades
como el lobo silencioso.
Se vino a cavar su casa
en el valle más angosto
y la huella le seguimos
sin demandarle retorno…

Para ser cabal y justa
como es en la copa el sorbo,
y no robarle el instante,
y no malgastarle el soplo,
me perdí en la casa tuya
como la espada en el forro.

Nos sobran todas las cosas
que teníamos por gozos:
por labrantíos, las costas,
las anchuras dunas de hinojos.
El asombro del amor
acabó con los asombros.

Nuestra dicha se parece
al panal que cela su oro;
pesa en el pecho la miel
de su peso capitoso,
y ligera voy, o grave,
y me sé y me desconozco.

Ya ni recuerdo cómo era
cuando viví con los otros.
Quemé toda mi memoria
como hogar menesteroso.
Los tejados de mi aldea
si vuelvo, no los conozco,
y el hermano de mis leches
no me conoce tampoco.

Y no quiero que me hallen
donde me escondí de todos;
antes hallen en el hielo
el rastro huido del oso.
El muro es negro de tiempo
el liquen del umbral, sordo,
y se cansa quien nos llame
por el nombre de nosotros.

Atravesaré de muerta
el patio de hongos morosos.
Él me cargará en sus brazos
en chopo talado y mondo.
Yo miraré todavía
el remate de sus hombros.
La aldea que no me vio
me verá cruzar sin rostro,
y solo me tendrá el polvo
volador, que no es esposo.

(p: 612)




MUJER DE PRISIONERO

A Victoria Kent


Yo tengo en esa hoguera de ladrillos,
yo tengo al hombre mío prisionero.
Por corredores de filos amargos
y en esta luz sesgada de murciélago,
tanteando como el buzo por la gruta,
voy caminando hasta que me lo encuentro,
en los anillos de su befa envuelto.

Me lo han dejado, como a barco roto,
con anclas de metal en los pies tiernos;
le han esquilado como a la vicuña
su gloria azafranada de cabellos.
Pero su Ángel-Custodio anda la celda
y si nunca lo ven es que están ciegos.
Entró con él al hoyo de cisterna;
tomó los grillos como obedeciendo;
se alzó a coger el vestido de cobra,
y se quedó sin el aire del cielo.

El Ángel gira moliendo y moliendo
la harina densa del más denso sueño;
le borra el mar de zarcos oleajes,
le sumerge una casa y un viñedo,
y le esconde mi ardor de carne en llamas,
y su esencia, y el nombre, que dieron.

En la celda, las olas de bochorno
y frío, de los dos, yo me las siento,
y trueque y turno que hacen y deshacen
se queja y queja los dos prisioneros
¡y su guardián nocturno ni ve ni oye
que dos espaldas son y dos lamentos!

Al rematar el pobre día nuestro,
hace el Ángel dormir al prisionero,
dando y lloviendo olvido imponderable
a puñados de noche y de silencio.
Y yo desde mi casa que lo gime
hasta la suya, que es dedal ardiendo,
como quien no conoce otro camino,
de lanzadera viva voy y vengo,
y al fin se abren los muros y me dejan
pasar al hierro, la brea, el cemento…


En lo oscuro, mi amor que come moho
y telarañas, cuando es que yo llego,
entero ríe a lo blanquidorado;
a mi piel, a mi fruta y a mi cesto.
El canasto de frutas a hurtadillas
Destapo, y uva a uva se lo entrego;
la sidra se la doy pausadamente,
porque el sorbo no mate a mi sediento,
y al moverse le siguen –pajarillos
de perdición- sus grillos cenicientos.

Vuestro hermano vivía con vosotros
hasta el día de cielo y umbral negro;
pero es hermano vuestro, mientras sea
la sal aguda y el agraz acedo,
hermano con su cifra y sin su cifra,
y libre o tanteando en su agujero,
y es bueno, sí, que hablemos de él, sentados
o caminando, y en vela o durmiendo,
si lo hemos de contar como fábula
cuando nos haga responder su Dueño.

Cuando rueda la nieve los tejados
o a sus espaldas cae el aguacero,
mi calor con su hielo se pelea
en el pecho de mi hombre friolento:
él ríe, ríe a mi nombre y mi rostro
y al cesto ardiendo con que lo festejo,
¡y puedo, calentando sus rodillas,
contar como David todos sus huesos!

Pero por más que le allegue mi hálito
y le funda su sangre pecho a pecho,
¡cómo con brazo arqueado de cuna
yo rompo cedro y pizarra de techos,
si en dos mil días los hombres sellaron
este panal cuya cera de infierno
más arde más, que aceites y resinas,
y que la pez, y arde mudo y sin tiempo!


(p: 630-633)




MUERTE DEL MAR

A Doris Dana


Se murió el Mar una noche,
de una orilla a la otra orilla;
se arrugó, se recogió,
como manto que retiran.

Igual que albatros beodo
y que la alimaña huida,
hasta el último horizonte
con diez oleajes corría.

Y cuando el mundo robado
volvió a ver la luz del día,
él era un cuerno cascado
que al grito no respondía.

Los pescadores bajamos
a la costa envilecida,
arrugada y vuelta como
la vulpeja consumida.

El silencio era tan grande
que los pechos oprimía,
y la costa se sobraba
como la campana herida.

Donde él bramaba, hostigado
del Dios que lo combatía,
y replicaba a su Dios
con saltos de ciervo en ira,

y donde mozos y mozas
se daban bocas salinas
y en trenza de oro danzaban
solo el ruedo de la vida,

quedaron las madreperlas
y las caracolas lívidas
y las medusas vaciadas
de su amor y de sí mismas.

Quedaban dunas-fantasmas
más viudas que la ceniza,
mirando fijas la cuenca
de su cuerpo de alegrías.

Y la niebla, manoseando
plumazones consumidas,
y tanteando albatros muerto,
rondaba como la Antígona.

Mirada huérfana echaban
acantilados y rías
al cancelado horizonte
que su amor no devolvía.

Y aunque el mar nunca fue nuestro
como cordera tundida,
las mujeres cada noche
por hijo se lo mecían.

Y aunque al sueño él volease
el pulpo y la pesadilla,
y al umbral de nuestras casas
los ahogados escupía,

de no oírle y de no verle
lentamente se moría,
y en nuestras mejillas áridas
sangre y ardor se sumían.

Con tal de verlo saltar
con su alzada de novilla,
jadeando y levantando
medusas y praderías,

con tal de que nos batiese
con sus pechugas salinas,
y nos subiesen las olas
aspadas de maravillas,

pagaríamos rescate
como las tribus vencidas
y daríamos las casas,
y los hijos y las hijas.

Nos jadean los alientos
como al ahogado en mina
y el himno y el peán mueren
sobre nuestras bocas mismas.

Pescadores de ojos fijos
le llamamos todavía,
y lloramos abrazados
a las barcas ofendidas.

Y meciéndolas, meciéndolas,
tal como él se les mecía,
mascamos algas quemadas
vueltos a la lejanía,
o mordemos nuestras manos
igual que esclavos escitas.

Y cogidos de las manos,
cuando la noche es venida,
aullamos viejos y niños
como unas almas perdidas:

“¡Talassa, viejo Talassa,
verdes espaldas huidas,
si fuimos abandonados
llámanos a donde existas,

y si estás muerto, que sople
el viento color de Erinna
y nos tome y nos arroje
sobre otra costa bendita,
para contarle los golfos
y morir sobre sus islas.”

(P: 646-650)

MISTRAL, Gabriela, Poesías completas, Madrid, Aguilar, 1962, 836 pp., págs.: 162, 262-263, 326, 612, 630-633 y 646-650.

domingo, 11 de octubre de 2009

LUISA POSADA: LOS PASILLOS DEL TIEMPO

Cómplices son
la línea del mar y la del deseo.

Horizontes
que se desdibujan distantes.

En esa carencia del límite
ya la mirada no alcanza
y las olas devuelven cada mensaje,
retraído hasta una distancia infinita.

Inútil perseguir su viaje:
sólo sería la muerte sorda entre el agua.

Sorda y entre el agua.


POSADA, Luisa, Los pasillos del tiempo, en Respiro de Arena, Madrid, Aconcagua Publishing y Vindicación Feminista, 1996, ISBN: 84-88217-08-0, 74 pp., pág: 71.

lunes, 5 de octubre de 2009

BEATRIZ GIMENO: LA LUZ QUE MÁS ME LLAMA

He escrito de lo oscuro, de la desolación de la mirada
y del deseo, que se eleva inútil para morir vacío.
He escrito del miedo,
del dolor de una tarde que se pierde sin rumbo,
del cuerpo que se niega.
De todo esto he escrito, y más si me dejaran
cuando hubiera querido simplemente no escribir,
sino quizá vivir y ser amada
y encontrar en los cuerpos amados un refugio seguro
donde contar que el tiempo acaricia suavemente.
Y no querría escribir de nada más,
sino enroscarme en tus piernas,
descansar en tu vientre
y morir, puesto que hay que morir,
sabiendo que he vivido,
con un conocimiento exacto del gozo y del placer
-de la alegría-.
Y sin embargo escribo, a mi pesar, lo reconozco,
y seguiré escribiendo mientras viva
porque no tengo aliento más audaz ni más lejano,
ni tengo abierto otro canal hacia la vida.


GIMENO, Beatriz, La luz que más me llama, Zaragoza, Olifante, 2009, 77 pp., pág.: 55.