sábado, 7 de septiembre de 2024

EL VUELO DE LAS GAVIOTAS, A LAS HERMANAS ZAMBRANO ALARCÓN. Mercedes Merino Verdugo


EL VUELO DE LAS GAVIOTAS, Mercedes Merino (publicado en el 2022)

Prólogo

 

Me pide Mercedes que le haga un prólogo a su escrito sobre las hermanas Zambrano, ¡a mí, que no sé Filosofía!

En un claro del bosque se encuentran las dos hermanas y van relatando su vida. Los lugares en los que vivieron: Vélez Málaga, Segovia, Madrid, París, Latinoamérica, Roma, Suiza y otra vez Madrid.

Mercedes juega con las gaviotas, y así nos hace más dulce el transcurrir de la vida de las hermanas y más asequible la Filosofía. Las gaviotas llevan una estela con los títulos de los libros que fue escribiendo María a lo largo de su vida y con citas de Delirio y Destino.

Las gaviotas tienen mucho trabajo, pues María no para de escribir.

La influencia de los padres en las dos hermanas fue muy fuerte. Blas les enseña a mirar y Araceli… las educaron bien como buenos maestros que eran. "Araceli, tú gozas de más intuición, como nuestra madre".  María no llega a tiempo de despedir a su madre y eso la llena de tristeza.

En todo el texto subyace una melancolía muy emparentada con la poesía.

Dice María a Araceli: "Naciste para el amor y fuiste devorada por la piedad", a propósito de Manuel que está preso en una cárcel de París y acaba fusilado por el franquismo.  Esto es pura poesía.

Llega María a España a pasar los últimos años de su vida, ya sin Araceli, que ha muerto en Suiza. Todo son homenajes al final, al final las gaviotas emprenden el vuelo, y María y Araceli, también.

 

 

Viky Frías

 

 

 

              EL VUELO DE LAS GAVIOTAS

                    A las hermanas Zambrano Alarcón

 

ARACELI

—María, María, soy Araceli. Estoy aquí en uno de los claros del bosque, esta tarde pasearemos juntas.

MARÍA

—¡Araceli, amiga mía, mi Antígona, has venido!

Las hermanas se estrechan durante un rato en silencio y caminan a paso lento, se encuentran en el lugar de los sueños infantiles de María en las tierras andaluzas que vieron nacer a María, la hermana mayor.

ARACELI

María, ¿has visto la estela que dejan las gaviotas en su vuelo? Nos traen mensajes, algo nos quieren contar. Es una frase seleccionada de uno de tus libros, de Delirio y destino, la autobiografía que escribiste en tercera persona:

Y aquel otro momento bajo la oblicua luz de la tarde, en lo que debía de ser el patio de su casa natal de Vélez Málaga.

MARÍA

—Procura estar atenta, Araceli, tú gozas de más intuición, como nuestra madre. Mi vida ha transcurrido dando prioridad a todo lo relacionado con el pensamiento, pero comprendí, a la manera unamuniana, que hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.

Mis reflexiones me han llevado a considerar aquellos delirios a través de una razón poética. ¿Cómo entiendo yo si no mi destino personal, mi destino junto a los demás?             

ARACELI

—Ahí están las gaviotas con más frases de Delirio y destino:

Había llorado tanto por querer lo que no querían darle, por querer a quien no la quería, y porque sí […] por haber sido demasiado rica y colmada de ternura y amor; de los padres, de otras gentes; por haber vivido en aquellos jardines maravillosos con la nostalgia siempre de otro lugar más encantado, su Andalucía natal quizá, dejada atrás tan pronto; por nostalgia de una felicidad perdida

 

 

Qué rápido pasaron aquellos años en Segovia también, María, tú dedicabas mucho tiempo al estudio, la diferencia de edad en los primeros años nos distanciaba y veía a mi hermana mayor siempre entre libros, pero el tiempo que compartimos nos divertíamos juntas. Nos educaron en la generosidad, en el amor a todos. Recibimos un trato muy cuidado y una educación especial por aquellos grandes maestros que fueron nuestros padres. Me recuerdas a nuestro padre en tus primeros años, cuando yo no había nacido, me hablas de tu primer viaje en sus brazos allí en el patio de Vélez en la casa familiar. A la ciudad donde nos han traído para no volver a separarnos.

Nos recuerdan las gaviotas en la estela que nos dejan cómo describes en tu autobiografía cuando nuestro padre te cogía en sus brazos:

Y en aquellos viajes del suelo a tan alto, debió de aprender también la distancia, y el estar arriba, ver el suelo desde arriba, […] es el comienzo del mirar de verdad, del mirar que es vida.

MARÍA

—Estábamos destinadas a viajar, Araceli, ¡cuántos delirios vividos y asumidos! Hemos pasado a la memoria, al recuerdo, qué rápido se desvaneció aquel tiempo vivido, como en fotogramas. Nuestros padres nos enseñaron a tratar a los demás incluso mejor de lo que se merecían.

Vivimos con tanta ilusión aquellos años en Madrid, es una ciudad hermosa, el azul de su cielo me acompañó siempre.  Mis años en la universidad, mis primeros cursos como profesora de adolescentes en el Instituto Escuela, ¡qué recuerdos!

Aquellas reuniones en la habitación de la Residencia de Estudiantes con un grupo de jóvenes que pensábamos aportar lo mejor de cada uno de nosotros a este país, de llegar al lugar más recóndito y alejado tanto por la distancia o el pensamiento, a cada pueblo y ciudad de España para extender la educación y la cultura a todos sus moradores, llegar a los niños y niñas, a los adultos que no sabían leer. ¡Qué gran proyecto comenzó su andadura!

En mis incipientes años de activismo político acudíamos a nuestros pueblos y ciudades, sus gentes salían a recibirnos con esperanza.

Ahí están otra vez las gaviotas, Araceli, me han refrescado estas frases que escribí:

Huían del delirio y de la consiguiente asfixia; querían encontrar la medida justa, la proporción según la cual la convivencia fuese efectiva, viviente, según la cual España fuese un país habitable para todos los españoles.

Y no, no pudo ser, quedaron frustradas esas esperanzas. Aquella lucha fratricida tan larga y sangrienta cercenó la vida de mucha gente, qué tremenda esa gran pérdida. Después la posguerra y la limpieza, cuánto miedo pasaron tantas y tantas familias escondidas y en silencio.

Yo me marché más lejos, pero tú te quedaste en París con Manuel, tu compañero sentimental y Araceli, nuestra madre.

Perdimos pronto a nuestros padres, primero a Blas Zambrano que murió en Barcelona y Araceli Alarcón, después, en París, qué largo exilio, hermana. ¡Qué exilio tan largo!

Dejan de nuevo en su estela las gaviotas otra cita de Delirio y destino que habla de aquellos momentos tan dolorosos:

Y en París estaba su madre, su hermana y el hombre a quien su hermana estaba unida amenazado en grado extremo. París, Europa, la madre. No había ya remedio. 

Tú me recuerdas a nuestra madre, te quedaste en París, la cuidaste hasta su muerte. Y las visitas a la cárcel de la Santé para ver a Manuel y llevarle lo que tú pudieras aportar de lo que él necesitaba. Tú que habías nacido para el amor te fue devorando la piedad. ¡Hermana, Antígona, cuánto sufrimiento!

Después tratamos de sobreponernos para vivir mejor, viajamos por Latinoamérica y Europa, nos recibieron los amigos y nos ayudaron en nuestras estancias en unos u otros países. Nos acogieron y compartimos la vida con escritores e intelectuales en todos los países donde nos instalamos, ya fuera por una larga o corta temporada.

 

ARACELI

—Te estoy escuchando, pero mira, esa gaviota sigue insistiendo en su vuelo y se acerca más, en la estela que deja se puede leer Horizonte del liberalismo. Es el título de tu libro, María, nos está recordando tus libros. Ahí viene la otra gaviota y nos deja en su vuelo Hacia un saber sobre el alma.

 

MARÍA

—Sí, Hacia un saber sobre el alma lo escribí en 1934, me dirigí tan contenta a ver lo que opinaba mi maestro. Me alejaba de él –me dijo don José. A los maestros nos cuesta aceptar que los discípulos tomen caminos diferentes, pero así es algunas veces.

Sufrí tanto, sufrí tanto cuando pensaba que no me querían. Incluso en el Instituto Escuela me costaba ponerme delante de aquellos adolescentes. Yo me sentía bastante bien, mas no me resultaba fácil el día a día, su transcurrir.

 

ARACELI

—María, otra vez las gaviotas, esta vez he podido leer Los intelectuales en el drama de España. Y la otra gaviota nos acerca Filosofía y poesía. Vas uniendo el pensamiento y el sentimiento. Aquí llegan con otro título Pensamiento y poesía en la vida española.

Es como si hubieras aprendido lo mejor de cada uno de nuestros padres y te ayudaran en tu argumentación filosófica: Araceli es poesía, un pensamiento por intuición, es el hallazgo. Y Blas la razón, la filosofía que no cesa de preguntarse, esa continua duda que no permite vivir en el sosiego.

Consigues aunar pensamiento y poesía, propones la razón poética, vivimos tiempos de existencialismo, de razón vital e historicismo. Es como si, a través de un método, se pudiera asumir el delirio para procurar vivir hacia la piedad, las utopías son necesarias.

Nuestros padres, maestros de vocación, se complementaron a lo largo de la vida. Blas siempre escuchaba a Araceli con mucha atención.

Fíjate cómo nos lo recuerdan las gaviotas con estas frases de tu libro:

-Y tú, mujer, ¿por qué sabes esas cosas?

-No sé, se me figuran, pero mira, fíjate. ¿No observas?

MARÍA

—Blas nos enseñó a mirar, a procurar esa perspectiva de lo que nos rodea. Y a respetar a cualquier individuo incluso más de lo que se merece. Araceli era gran observadora con una intuición extraordinaria. Nuestros padres fueron grandes pedagogos, maestros de vocación.

ARACELI

—Desde el año 1939 no volvimos a España, yo nunca más, pero ahora estamos aquí juntas. Me sobreviviste, María, alguna se tenía que quedar para conseguir memoria y proyección histórica, dar a conocer nuestra vida de exiliadas. Tú te marchaste a Latinoamérica y yo me quedé en Europa con Araceli, nuestra madre, mis años en París los dediqué entre otras actividades a estar pendiente de Manuel, las visitas a la cárcel para apoyarlo en su injusto encarcelamiento…, a soportar y sufrir tantas torturas físicas y psíquicas hasta su fusilamiento después de ser entregado al gobierno español.

Vuelven las gaviotas de nuevo para recordarnos más publicaciones, tus estudios políticos e investigaciones sobre Séneca, cada vez eres más conocida en Latinoamérica. Es admirable tu dedicación y la búsqueda de un método al que te ha llevado tanto estudio.

Nos hablan las gaviotas en la estela que dejan y se puede leer La confesión, género literario y método, editado en México, también El pensamiento vivo de Séneca y La agonía de Europa, estos dos títulos dados a conocer gracias a editoriales argentinas.

Mientras tú seguías escribiendo yo permanecí en París con nuestra madre y pendiente de Manuel, vivimos años de tanta tortura y violencia que aquella etapa me dejó agotada.

Las gaviotas llegan de nuevo con otra frase de tu libro:

Una conciencia inocente que vigila movida por la piedad; sí, Antígona.

 

MARÍA

—Sí, Araceli, naciste para el amor y fuiste devorada por la piedad. Te quedaste en Europa en aquellos años convulsos, a Manuel lo extraditaron a España y no lo pudiste despedir, no lo volviste a ver nunca más, ¡cuánto delirio!  Yo no volvería a ver nunca más a nuestra madre, llegué tarde. La gestión para poder volver a Europa resultó tan larga, la documentación no llegaba, no la recibí a tiempo, llegué tarde y no pude despedirla. Te encontré a ti abatida, aquel silencio al vernos expresó lo que nos queríamos decir. Nos encontramos sin palabras, los gestos y las miradas hablaban por nosotras. ¡Derrotadas por el sufrimiento!, ¡y qué alegría me produjo tu presencia, verte a ti, volver a encontrarnos, ya no nos separaríamos!

Las gaviotas nos dejan en su estela lo que escribí de aquel momento en mi autobiografía:

Y se encontró a solas con su hermana, ya que la madre había bajado a tierra dos días antes de que el avión la depositara en Orly.

Y comenzó su inacabable delirio. La esperanza fallida se convierte en delirio.

Después de viajes por Latinoamérica y Europa con estancias más o menos largas sobre todo en La Habana, logramos instalarnos en Roma, la década de los cincuenta la pasamos allí. Gozamos de la gran fortuna de ser acogidas por nuestros amigos, de compartir la vida con amigos allí donde llegábamos, disfrutamos aquellos años, pese a todo, Araceli.

Otro viaje más, ahora ya juntas, así nos recuerdan las gaviotas cómo describí la llegada:

Y se encontró al lado de su hermana bajando la escala, pisando ya la tierra del nuevo mundo, en la Guaira; se dio cuenta de que iba sonriendo, aunque nadie la esperaba.

Los años vividos en Roma fueron muy fructíferos, nos reuníamos con poetas y escritores españoles e italianos, nuestros queridos amigos. En Buenos Aires editaron Hacia un saber sobre el alma, la primera publicación de esta década de los cincuenta, luego en México El hombre y lo divino y en Puerto Rico Persona y democracia.

Empecé a ser más conocida y llegaron ecos a España, en Roma publicaron en traducción italiana I sogni e il tempo y en nuestro país La España de Galdós.

Tuvimos que salir de Roma porque no se nos permitía vivir con tantos gatos. Hermana, demasiados gatos. ¡Qué duro aquello también!, esta vez será nuestro primo Rafael quien nos ayude para instalarnos en Suiza, en la casa de La Pièce.

 

ARACELI

—María, recuerda que antes de instalarnos en el Jura francés viajamos de nuevo, incluso fui a México para pactar con Alfonso una ayuda económica para ti sin conseguirlo.

Una vez instaladas en La Pièce nos visitaron amigos de todas partes y continuó nuestra vida social gracias a ellos. Casi otra década allí juntas en Suiza, aquella vida en el campo, los paseos por los alrededores de nuestro hogar, unos años diferentes, María. Ahí vienen nuestras amigas las gaviotas, de nuevo, en 1965 te editan en Barcelona, México y Roma, esta vez nuestras amigas las gaviotas en su estela nos permiten leer España, sueño y verdad. El sueño creador y La vocación de maestro.

 

MARÍA

—Sí, Araceli, yo soy cada vez más conocida y tú te vas marchando. Me inspiras La tumba de Antígona editada en México y va fraguándose y te dedicaré Claros del bosque, se publica ya sin tu presencia, ¡cuánta soledad me dejas, hermana, mi amiga, mi Antígona! Fueron editados en Barcelona y siguieron publicando en España algunos títulos de escritos anteriores y de otros ensayos que se fueron forjando años posteriores, en el 1981 se publica Dos escritos autobiográficos, y en el 1984 Andalucía, sueño y realidad.

Algunos amigos atraídos por mis escritos comienzan a gestionar mi vuelta a nuestro país, mi agotamiento debe ser bastante llamativo, se ponen en contacto con las autoridades españolas y logran instalarme, al fin, en un lugar cerca del parque de El Retiro madrileño.

ARACELI

—Los sueños, María, nos aferramos a los sueños para poder vivir el día a día, yo tuve que partir, el agotamiento no me permitía vivir más. Nuestros padres estaban con nosotras y yo seguí también contigo. La vocación de nuestros padres, esa vocación de maestro de la que ellos eran portadores, como la de otros maestros, hubiera sido algo hermoso que los maestros hubieran llegado a toda España más rápidamente. Aquellos maestros y maestras que salieron de la experiencia de varias décadas, en la llamada Edad de Plata. Aquella generación de jóvenes formados gracias a las ideas de la Institución Libre de Enseñanza con Giner de los Ríos y otros ideólogos, tú misma participaste en alguno de esos proyectos de una educación laica.  Gracias a la puesta en práctica del proyecto de la Junta de Ampliación de Estudios intercambiamos conocimientos con otros países.  Tantas ideas que se pusieron en práctica para llegar a todos los rincones del país, pero todo quedó frustrado, y tantos años de aislamiento posteriores. Estos proyectos, pese a ser ralentizados por la dictadura, dieron sus frutos años más tarde y en los años sesenta comienza una apertura al mundo, sobre todo a Europa.

Ya sé que para ti soy Antígona, que me buscas en los claros del bosque y me dedicas algunos de tus escritos, de una manera más explícita a partir de ese momento en el que no pude más y me tuve que marchar. Pero ahora estoy aquí contigo, en realidad nunca te dejé sola, seguíamos juntas.

En España cada vez eres más conocida por parte de escritores, editores, políticos y comienzan las gestiones para que vuelvas a nuestro país. Después de haber pensado en varios lugares para que vivieras cómodamente la última década de tu vida te instalan en Madrid. Incluso cuentas con una secretaria para ir publicando los escritos de tantos años de pensamiento y estudio. Y se editan en España de manera tan profusa que, en el 1989, ven la luz cuatro títulos. Entre ellos Delirio y destino que, aunque lo escribiste en 1953 no se da a conocer hasta el 1989, es una autobiografía en tercera persona, en ella dejaste escrita parte de nuestra vida. Y ven la luz algunos más de tus libros gracias a editoriales con sede en Barcelona, Madrid, Málaga, Altea, Salamanca, Valencia. Varios reconocimientos institucionales y culturales consiguen que seas conocida por una parte del profesorado y alumnado de nuestro país.

Aquí llegan de nuevo las gaviotas y nos dejan una estela donde podemos leer las siguientes publicaciones de 1986: Senderos (antes se publicó con el título de Los intelectuales en el drama de España), y otro libro más De la Aurora.

En el 1989 dejan una gran estela, se pueden leer cuatro títulos: Notas de un método, Algunos lugares de la pintura, Delirio y destino, Para una historia de la piedad.

Y Los bienaventurados, en el 1990, lo último que viste publicado en vida. Llegaron otros títulos más tarde ya sin ti, incluso han sido editadas tus Obras completas.

He formado parte de nuestra historia gracias a ti, sobre todo, de no haber sido así hubiera quedado en el olvido como tantas y tantas mujeres anónimas. Gracias, hermana, la tenacidad y el estudio te acompañaron siempre.

Te trajeron a España para recuperarte, te llegaron los merecidos homenajes y se da a conocer mucho más tu obra escrita, se sucedieron los premios, incluso el Príncipe de Asturias y el Cervantes.

Tus investigaciones vinieron a dar a través de un método la razón poética, pensamiento que vislumbra la piedad. Me parece que te he entendido algo, hermana.

La noche nos va a sorprender si seguimos paseando, María, se acabó el paseo por hoy, te has escapado de tu secretaria y hemos vuelto a los días en los que caminábamos juntas.

Ha llegado la hora de partir, ¿me acompañas?

Ven, María, tiéndete aquí en el suelo junto a mí y vamos a intentar volar una vez más, lo tenemos que conseguir. Extiende tus brazos junto a los míos, tratemos de imitar el vuelo de las gaviotas, las que nos han acompañado para contar parte de lo que escribiste en esa autobiografía en tercera persona que es Delirio y destino. Ahora vamos a intentar volar igual que gaviotas, extiende los brazos junto a los míos y déjate llevar, llega el vuelo, un infinito vuelo a la manera de las gaviotas.

-Tengo que marcharme –continúa Araceli. ¡Acompáñame!

 

MARÍA

—Sí, ahora no nos separaremos nunca más.    

 

 

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