EL VUELO DE LAS GAVIOTAS, Mercedes Merino (publicado en el 2022)
Prólogo
Me pide Mercedes
que le haga un prólogo a su escrito sobre las hermanas Zambrano, ¡a mí, que no
sé Filosofía!
En un claro del
bosque se encuentran las dos hermanas y van relatando su vida. Los lugares en
los que vivieron: Vélez Málaga, Segovia, Madrid, París, Latinoamérica, Roma,
Suiza y otra vez Madrid.
Mercedes juega
con las gaviotas, y así nos hace más dulce el transcurrir de la vida de las
hermanas y más asequible la Filosofía. Las gaviotas llevan una estela con los
títulos de los libros que fue escribiendo María a lo largo de su vida y con
citas de Delirio y Destino.
Las gaviotas
tienen mucho trabajo, pues María no para de escribir.
La influencia de
los padres en las dos hermanas fue muy fuerte. Blas les enseña a mirar y
Araceli… las educaron bien como buenos maestros que eran. "Araceli, tú
gozas de más intuición, como nuestra madre". María no llega a tiempo de despedir a su
madre y eso la llena de tristeza.
En todo el texto
subyace una melancolía muy emparentada con la poesía.
Dice María a
Araceli: "Naciste para el amor y fuiste devorada por la piedad", a
propósito de Manuel que está preso en una cárcel de París y acaba fusilado por
el franquismo. Esto es pura poesía.
Llega María a
España a pasar los últimos años de su vida, ya sin Araceli, que ha muerto en
Suiza. Todo son homenajes al final, al final las gaviotas emprenden el vuelo, y
María y Araceli, también.
Viky Frías
EL VUELO DE LAS GAVIOTAS
A las hermanas Zambrano
Alarcón
ARACELI
—María, María, soy Araceli. Estoy aquí en uno de los claros
del bosque, esta tarde pasearemos juntas.
MARÍA
—¡Araceli, amiga mía, mi Antígona, has venido!
Las hermanas se estrechan durante un rato en silencio y caminan
a paso lento, se encuentran en el lugar de los sueños infantiles de María en
las tierras andaluzas que vieron nacer a María, la hermana mayor.
ARACELI
—María, ¿has
visto la estela que dejan las gaviotas en su vuelo? Nos traen mensajes, algo
nos quieren contar. Es una frase seleccionada de uno de tus libros, de Delirio y destino, la autobiografía que
escribiste en tercera persona:
Y aquel otro momento bajo la oblicua luz de
la tarde, en lo que debía de ser el patio de su casa natal de Vélez Málaga.
MARÍA
—Procura estar atenta, Araceli, tú gozas de más intuición,
como nuestra madre. Mi vida ha transcurrido dando prioridad a todo lo
relacionado con el pensamiento, pero comprendí, a la manera unamuniana, que hay
que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.
Mis reflexiones me han llevado a considerar aquellos delirios
a través de una razón poética. ¿Cómo entiendo yo si no mi destino personal, mi destino
junto a los demás?
ARACELI
—Ahí están las gaviotas con más
frases de Delirio y destino:
Había llorado tanto por querer lo que no querían darle, por querer a
quien no la quería, y porque sí […] por haber sido demasiado rica y colmada de
ternura y amor; de los padres, de otras gentes; por haber vivido en aquellos
jardines maravillosos con la nostalgia siempre de otro lugar más encantado, su
Andalucía natal quizá, dejada atrás tan pronto; por nostalgia de una felicidad
perdida
Qué rápido pasaron aquellos años en Segovia también, María,
tú dedicabas mucho tiempo al estudio, la diferencia de edad en los primeros
años nos distanciaba y veía a mi hermana mayor siempre entre libros, pero el
tiempo que compartimos nos divertíamos juntas. Nos educaron en la generosidad,
en el amor a todos. Recibimos un trato muy cuidado y una educación especial por
aquellos grandes maestros que fueron nuestros padres. Me recuerdas a nuestro
padre en tus primeros años, cuando yo no había nacido, me hablas de tu primer
viaje en sus brazos allí en el patio de Vélez en la casa familiar. A la ciudad
donde nos han traído para no volver a separarnos.
Nos recuerdan las gaviotas en la estela que nos dejan cómo
describes en tu autobiografía cuando nuestro padre te cogía en sus brazos:
Y en aquellos viajes del suelo a tan alto,
debió de aprender también la distancia, y el estar arriba, ver el suelo desde
arriba, […] es el comienzo del mirar de verdad, del mirar que es vida.
MARÍA
—Estábamos destinadas a viajar, Araceli, ¡cuántos delirios
vividos y asumidos! Hemos pasado a la memoria, al recuerdo, qué rápido se
desvaneció aquel tiempo vivido, como en fotogramas. Nuestros padres nos
enseñaron a tratar a los demás incluso mejor de lo que se merecían.
Vivimos con tanta ilusión aquellos años en Madrid, es una
ciudad hermosa, el azul de su cielo me acompañó siempre. Mis años en la universidad, mis primeros
cursos como profesora de adolescentes en el Instituto Escuela, ¡qué recuerdos!
Aquellas reuniones en la habitación de la Residencia de
Estudiantes con un grupo de jóvenes que pensábamos aportar lo mejor de cada uno
de nosotros a este país, de llegar al lugar más recóndito y alejado tanto por
la distancia o el pensamiento, a cada pueblo y ciudad de España para extender
la educación y la cultura a todos sus moradores, llegar a los niños y niñas, a
los adultos que no sabían leer. ¡Qué gran proyecto comenzó su andadura!
En mis incipientes años de activismo político acudíamos a
nuestros pueblos y ciudades, sus gentes salían a recibirnos con esperanza.
Ahí están otra vez las gaviotas, Araceli, me han refrescado
estas frases que escribí:
Huían del delirio y de la consiguiente asfixia; querían encontrar la
medida justa, la proporción según la cual la convivencia fuese efectiva,
viviente, según la cual España fuese un país habitable para todos los
españoles.
Y no, no pudo ser, quedaron frustradas esas esperanzas.
Aquella lucha fratricida tan larga y sangrienta cercenó la vida de mucha gente,
qué tremenda esa gran pérdida. Después la posguerra y la limpieza, cuánto miedo
pasaron tantas y tantas familias escondidas y en silencio.
Yo me marché más lejos, pero tú te quedaste en París con Manuel, tu compañero sentimental y Araceli, nuestra madre.
Perdimos pronto a nuestros padres, primero a Blas Zambrano que
murió en Barcelona y Araceli Alarcón, después, en París, qué largo exilio,
hermana. ¡Qué exilio tan largo!
Dejan de nuevo en su estela las gaviotas otra cita de Delirio y destino que habla de aquellos
momentos tan dolorosos:
Y en París estaba su madre, su hermana y el hombre a quien su hermana
estaba unida amenazado en grado extremo. París, Europa, la madre. No había ya
remedio.
Tú me recuerdas a nuestra madre, te quedaste en París, la
cuidaste hasta su muerte. Y las visitas a la cárcel de la Santé para ver a
Manuel y llevarle lo que tú pudieras aportar de lo que él necesitaba. Tú que
habías nacido para el amor te fue devorando la piedad. ¡Hermana, Antígona,
cuánto sufrimiento!
Después tratamos de sobreponernos para vivir mejor, viajamos
por Latinoamérica y Europa, nos recibieron los amigos y nos ayudaron en
nuestras estancias en unos u otros países. Nos acogieron y compartimos la vida
con escritores e intelectuales en todos los países donde nos instalamos, ya
fuera por una larga o corta temporada.
ARACELI
—Te estoy escuchando, pero mira, esa gaviota sigue insistiendo
en su vuelo y se acerca más, en la estela que deja se puede leer Horizonte del liberalismo. Es el título
de tu libro, María, nos está recordando tus libros. Ahí viene la otra gaviota y
nos deja en su vuelo Hacia un saber sobre
el alma.
MARÍA
—Sí, Hacia un saber
sobre el alma lo escribí en 1934, me dirigí tan contenta a ver lo que opinaba
mi maestro. Me alejaba de él –me dijo don José. A los maestros nos cuesta
aceptar que los discípulos tomen caminos diferentes, pero así es algunas veces.
Sufrí tanto, sufrí tanto cuando pensaba que no me querían.
Incluso en el Instituto Escuela me costaba ponerme delante de aquellos adolescentes.
Yo me sentía bastante bien, mas no me resultaba fácil el día a día, su
transcurrir.
ARACELI
—María, otra vez las gaviotas, esta vez he podido leer Los intelectuales en el drama de España.
Y la otra gaviota nos acerca Filosofía y
poesía. Vas uniendo el pensamiento y el sentimiento. Aquí llegan con otro
título Pensamiento y poesía en la vida
española.
Es como si hubieras aprendido lo mejor de cada uno de nuestros
padres y te ayudaran en tu argumentación filosófica: Araceli es poesía, un
pensamiento por intuición, es el hallazgo. Y Blas la razón, la filosofía que no
cesa de preguntarse, esa continua duda que no permite vivir en el sosiego.
Consigues aunar pensamiento y poesía, propones la razón
poética, vivimos tiempos de existencialismo, de razón vital e historicismo. Es
como si, a través de un método, se pudiera asumir el delirio para procurar
vivir hacia la piedad, las utopías son necesarias.
Nuestros padres, maestros de vocación,
se complementaron a lo largo de la vida. Blas siempre escuchaba a Araceli con
mucha atención.
Fíjate cómo nos lo recuerdan las
gaviotas con estas frases de tu libro:
-Y tú, mujer, ¿por qué sabes esas cosas?
-No sé, se me figuran, pero mira, fíjate.
¿No observas?
MARÍA
—Blas nos enseñó a mirar, a procurar esa perspectiva de lo
que nos rodea. Y a respetar a cualquier individuo incluso más de lo que se
merece. Araceli era gran observadora con una intuición extraordinaria. Nuestros
padres fueron grandes pedagogos, maestros de vocación.
ARACELI
—Desde el año 1939 no volvimos a España, yo nunca más, pero
ahora estamos aquí juntas. Me sobreviviste, María, alguna se tenía que quedar
para conseguir memoria y proyección histórica, dar a conocer nuestra vida de
exiliadas. Tú te marchaste a Latinoamérica y yo me quedé en Europa con Araceli,
nuestra madre, mis años en París los dediqué entre otras actividades a estar
pendiente de Manuel, las visitas a la cárcel para apoyarlo en su injusto
encarcelamiento…, a soportar y sufrir tantas torturas físicas y psíquicas hasta
su fusilamiento después de ser entregado al gobierno español.
Vuelven las gaviotas de nuevo para recordarnos más
publicaciones, tus estudios políticos e investigaciones sobre Séneca, cada vez
eres más conocida en Latinoamérica. Es admirable tu dedicación y la búsqueda de
un método al que te ha llevado tanto estudio.
Nos hablan las gaviotas en la estela que dejan y se puede
leer La confesión, género literario y
método, editado en México, también El
pensamiento vivo de Séneca y La
agonía de Europa, estos dos títulos dados a conocer gracias a editoriales
argentinas.
Mientras tú seguías escribiendo yo permanecí
en París con nuestra madre y pendiente de Manuel, vivimos años de tanta tortura
y violencia que aquella etapa me dejó agotada.
Las gaviotas llegan de nuevo con otra
frase de tu libro:
Una conciencia inocente que vigila movida
por la piedad; sí, Antígona.
MARÍA
—Sí, Araceli, naciste para el amor y fuiste devorada por la
piedad. Te quedaste en Europa en aquellos años convulsos, a Manuel lo
extraditaron a España y no lo pudiste despedir, no lo volviste a ver nunca más,
¡cuánto delirio! Yo no volvería a ver
nunca más a nuestra madre, llegué tarde. La gestión para poder volver a Europa
resultó tan larga, la documentación no llegaba, no la recibí a tiempo, llegué
tarde y no pude despedirla. Te encontré a ti abatida, aquel silencio al vernos
expresó lo que nos queríamos decir. Nos encontramos sin palabras, los gestos y
las miradas hablaban por nosotras. ¡Derrotadas por el sufrimiento!, ¡y qué
alegría me produjo tu presencia, verte a ti, volver a encontrarnos, ya no nos
separaríamos!
Las gaviotas nos dejan en su estela lo que escribí de aquel
momento en mi autobiografía:
Y se encontró a solas con su hermana, ya
que la madre había bajado a tierra dos días antes de que el avión la depositara
en Orly.
Y comenzó su inacabable delirio. La
esperanza fallida se convierte en delirio.
Después de viajes por Latinoamérica y Europa con estancias más
o menos largas sobre todo en La Habana, logramos instalarnos en Roma, la década
de los cincuenta la pasamos allí. Gozamos de la gran fortuna de ser acogidas
por nuestros amigos, de compartir la vida con amigos allí donde llegábamos,
disfrutamos aquellos años, pese a todo, Araceli.
Otro viaje más, ahora ya juntas, así nos recuerdan las
gaviotas cómo describí la llegada:
Y se encontró al lado de su hermana bajando
la escala, pisando ya la tierra del nuevo mundo, en la Guaira; se dio cuenta de
que iba sonriendo, aunque nadie la esperaba.
Los años vividos en Roma fueron muy fructíferos, nos
reuníamos con poetas y escritores españoles e italianos, nuestros queridos
amigos. En Buenos Aires editaron Hacia un
saber sobre el alma, la primera publicación de esta década de los
cincuenta, luego en México El hombre y lo divino y en Puerto Rico Persona y democracia.
Empecé a ser más conocida y llegaron ecos a España, en Roma publicaron
en traducción italiana I sogni e il tempo
y en nuestro país La España de Galdós.
Tuvimos que salir de Roma porque no se nos permitía vivir con
tantos gatos. Hermana, demasiados gatos. ¡Qué duro aquello también!, esta vez
será nuestro primo Rafael quien nos ayude para instalarnos en Suiza, en la casa
de La Pièce.
ARACELI
—María, recuerda que antes de instalarnos en el Jura francés
viajamos de nuevo, incluso fui a México para pactar con Alfonso una ayuda
económica para ti sin conseguirlo.
Una vez instaladas en La Pièce nos visitaron amigos de todas
partes y continuó nuestra vida social gracias a ellos. Casi otra década allí
juntas en Suiza, aquella vida en el campo, los paseos por los alrededores de
nuestro hogar, unos años diferentes, María. Ahí vienen nuestras amigas las
gaviotas, de nuevo, en 1965 te editan en Barcelona, México y Roma, esta vez
nuestras amigas las gaviotas en su estela nos permiten leer España, sueño y verdad. El sueño creador y
La vocación de maestro.
MARÍA
—Sí, Araceli, yo soy cada vez más conocida y tú te vas
marchando. Me inspiras La tumba de
Antígona editada en México y va fraguándose y te dedicaré Claros del bosque, se publica ya sin tu
presencia, ¡cuánta soledad me dejas, hermana, mi amiga, mi Antígona! Fueron
editados en Barcelona y siguieron publicando en España algunos títulos de
escritos anteriores y de otros ensayos que se fueron forjando años posteriores,
en el 1981 se publica Dos escritos
autobiográficos, y en el 1984
Andalucía, sueño y realidad.
Algunos amigos atraídos por mis escritos comienzan a
gestionar mi vuelta a nuestro país, mi agotamiento debe ser bastante llamativo,
se ponen en contacto con las autoridades españolas y logran instalarme, al fin,
en un lugar cerca del parque de El Retiro madrileño.
ARACELI
—Los sueños, María, nos aferramos a los sueños para poder
vivir el día a día, yo tuve que partir, el agotamiento no me permitía vivir más.
Nuestros padres estaban con nosotras y yo seguí también contigo. La vocación de
nuestros padres, esa vocación de maestro de la que ellos eran portadores, como
la de otros maestros, hubiera sido algo hermoso que los maestros hubieran
llegado a toda España más rápidamente. Aquellos maestros y maestras que
salieron de la experiencia de varias décadas, en la llamada Edad de Plata.
Aquella generación de jóvenes formados gracias a las ideas de la Institución
Libre de Enseñanza con Giner de los Ríos y otros ideólogos, tú misma
participaste en alguno de esos proyectos de una educación laica. Gracias a la puesta en práctica del proyecto de
la Junta de Ampliación de Estudios intercambiamos conocimientos con otros
países. Tantas ideas que se pusieron en
práctica para llegar a todos los rincones del país, pero todo quedó frustrado,
y tantos años de aislamiento posteriores. Estos proyectos, pese a ser
ralentizados por la dictadura, dieron sus frutos años más tarde y en los años
sesenta comienza una apertura al mundo, sobre todo a Europa.
Ya sé que para ti soy Antígona, que me buscas en los claros
del bosque y me dedicas algunos de tus escritos, de una manera más explícita a
partir de ese momento en el que no pude más y me tuve que marchar. Pero ahora
estoy aquí contigo, en realidad nunca te dejé sola, seguíamos juntas.
En España cada vez eres más conocida por parte de escritores,
editores, políticos y comienzan las gestiones para que vuelvas a nuestro país.
Después de haber pensado en varios lugares para que vivieras cómodamente la
última década de tu vida te instalan en Madrid. Incluso cuentas con una secretaria
para ir publicando los escritos de tantos años de pensamiento y estudio. Y se
editan en España de manera tan profusa que, en el 1989, ven la luz cuatro
títulos. Entre ellos Delirio y destino
que, aunque lo escribiste en 1953 no se da a conocer hasta el 1989, es una
autobiografía en tercera persona, en ella dejaste escrita parte de nuestra vida.
Y ven la luz algunos más de tus libros gracias a editoriales con sede en Barcelona,
Madrid, Málaga, Altea, Salamanca, Valencia. Varios reconocimientos
institucionales y culturales consiguen que seas conocida por una parte del
profesorado y alumnado de nuestro país.
Aquí llegan de nuevo las gaviotas y nos dejan una estela
donde podemos leer las siguientes publicaciones de 1986: Senderos (antes se publicó con el título de Los intelectuales en el drama de España), y otro libro más De la Aurora.
En el 1989 dejan una gran estela, se pueden leer cuatro
títulos: Notas de un método, Algunos
lugares de la pintura, Delirio y destino, Para una historia de la piedad.
Y Los bienaventurados, en el 1990, lo último que viste
publicado en vida. Llegaron otros títulos más tarde ya sin ti, incluso han sido
editadas tus Obras completas.
He formado parte de nuestra historia gracias a ti, sobre
todo, de no haber sido así hubiera quedado en el olvido como tantas y tantas
mujeres anónimas. Gracias, hermana, la tenacidad y el estudio te acompañaron
siempre.
Te trajeron a España para recuperarte, te llegaron los
merecidos homenajes y se da a conocer mucho más tu obra escrita, se sucedieron
los premios, incluso el Príncipe de Asturias y el Cervantes.
Tus investigaciones vinieron a dar a través de un método la
razón poética, pensamiento que vislumbra la piedad. Me parece que te he
entendido algo, hermana.
La noche nos va a sorprender si seguimos paseando, María, se
acabó el paseo por hoy, te has escapado de tu secretaria y hemos vuelto a los
días en los que caminábamos juntas.
Ha llegado la hora de partir, ¿me acompañas?
Ven, María, tiéndete aquí en el suelo junto a mí y vamos a
intentar volar una vez más, lo tenemos que conseguir. Extiende tus brazos junto
a los míos, tratemos de imitar el vuelo de las gaviotas, las que nos han
acompañado para contar parte de lo que escribiste en esa autobiografía en
tercera persona que es Delirio y destino.
Ahora vamos a intentar volar igual que gaviotas, extiende los brazos junto
a los míos y déjate llevar, llega el vuelo, un infinito vuelo a la manera de
las gaviotas.
-Tengo que marcharme –continúa Araceli. ¡Acompáñame!
MARÍA
—Sí, ahora no nos separaremos nunca más.
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