Otro cuento navideño
Mercedes Merino Verdugo
Jose
Antonio Merino Quintanar
Fotografías
e imágenes
Dedicado al benjamín de la
familia,
Álvaro Raboso Sánchez
¡Vacaciones de Navidad, este año voy
a ver a los primos! Nos vamos unos días a la casa que tiene nuestro tío José
Antonio en el monte y, luego, irán llegando el resto de la familia para
celebrar el final de un año y el comienzo de otro.
El viaje fue agotador, estamos
cansados, gracias a mi tío nos encontramos ordenada la vivienda para
acomodarnos en ella.
Nos permitimos un leve descanso y
después salimos a echar un vistazo por los alrededores, tras una hora, nos
dirigimos de nuevo a la morada.
¡Qué acogedor el habitáculo!, el
calor que desprende la lumbre ayuda a conseguir ese ambiente hogareño que a
todos nos encandila.
Hemos hecho muchos planes, lo
pasaremos fenomenal.
Tenemos ganas de estar los tres
primos juntos, de pasar la noche sin dormir, hablando horas y horas cerca de la
chimenea recordando muchas aventuras, sobre todo de miedo. Nos atrae de manera
especial lo desconocido.
Empezamos contándonos las aventuras
más divertidas que nos han ocurrido con los amigos o lo sucedido en el colegio
con los compañeros. Luego, entrada la noche, cuando nos encontramos casi
apiñados cerca del fuego flota algo misterioso en el ambiente.
Hablamos más despacio, se nos
nota el miedo, nuestros ojos brillan más e incluso parece que disminuyen
nuestros cuerpos al acercarnos tanto los unos a los otros. Ninguno quiere que
los otros piensen que es un cobarde y nos reímos para demostrar nuestra
valentía, pero las risas nerviosas nos delatan más aún.
La noche, las historias y la
atmósfera que hemos creado nos ponen en tensión. Empezamos por recordar
películas de miedo, después hechos que nos han contado, y nos empeñamos en
asegurar que son verdad aventuras que nosotros mismos nos imaginamos.
Se oyen frases como estas:
“Te acuerdas cuando el
protagonista corría, iba a ser alcanzado y sonaron las campanadas del reloj…”
“Y aquella horrible criatura que
emergió del fondo del mar…”
“Me contaron que a mi abuelo se
le apareció…”
“Y dicen que es verdad eso que
ocurre cada vez que…”
Nos esforzamos por seguir allí
unidos, mas el sueño termina venciendo nuestros deseos.
El tío llega y decide que ya es
hora de ir a dormir. Las camas están preparadas para recibir nuestros agotados
cuerpos.
-Vosotros, Bruno y Loreto, os
vais a acostar aquí. Álvaro, el benjamín de los tres, va a dormir en esa
pequeña habitación junto a la mía -dice el tío.
Cuando acompaño a mi prima Loreto
a la cocina para beber agua veo un insecto repugnante debajo de un mueble, es
como si estuviera acechando nuestros movimientos. Grito, grito tanto que los
demás se asustan y vienen corriendo. Bruno sonríe y Loreto me pregunta que si
me asusto de una araña.
Me parece que no conciliamos el sueño,
una vez acostados se oyen algunos comentarios y risitas forzadas que vienen de
la habitación de mis primos.
Se duermen todos, solo queda el
silencio aterrador de una noche oscura en un lugar apartado entre los montes.
Me parece que tengo sueño…
Estamos contentos, el día resultó
genial. Pero un acontecimiento imprevisto nos juega una mala pasada. Permanece
todo tan oscuro. Oímos ruidos poco conocidos, no podemos distinguir de dónde
proceden, ni quién o qué los produce.
De momento no le damos importancia,
pero cada vez se hacen más patentes hasta el punto de sobrecogernos, estamos
realmente asustados.
Bruno, que es el más valiente de
los tres primos, sale al exterior y alumbra con la linterna hacia la oscuridad.
No ve nada. El tío sube a la zona abuhardillada acompañado por Loreto para
comprobar si viene de allí ese espantoso ruido. Yo me dedico a mirar a través
de las ventanas, el exterior es una mancha negra, no se puede distinguir nada.
Aterrorizados nos reunimos de nuevo para buscar una explicación a todo aquello
que nos está ocurriendo.
Escuchamos algo parecido a un gruñido
animal o un quejido humano o puede, incluso, proceder de un aparato mecánico
grabado a propósito. Lo que nos inquieta es que cada vez lo oímos más cerca…, y
esto nos acaba poniendo los pelos de punta y los nervios a flor de piel.
Por aquellos parajes sólo estamos
nosotros. Tratamos de calmarnos unos a otros, de armarnos con objetos
contundentes o terminados en punta. Nos preparamos para cualquier eventualidad.
Cada vez se oyen los ruidos más cerca, pero no vemos a nadie. ¿Contra qué o
quién vamos a enfrentarnos? Lo que sí parece seguro es que el sonido procede
del exterior.
Cogemos las linternas para salir,
dirigimos el foco luminoso a varios puntos. No se ve nada. De pronto cesa el
ruido. El silencio es más espantoso si cabe. Emito un grito aterrador.
-¡No!
Siento que me oprimen muy fuerte el
pie y tiran de mí, me agarro al brazo de uno de mis primos, creo que es a
Loreto y ella tira a su vez del tío. El extraño ser nos arrastra cada vez más.
Nuestras fuerzas empiezan a
flaquear, llega a tiempo Bruno y da un fuerte golpe a esa enorme masa, me
siento libre de la trampa en la que he caído.
Casi no puedo caminar, me arrastran
hasta el interior de la vivienda.
Una vez allí, examinamos mi pie
por el lugar que ha sido oprimido para encontrar una pista, cualquier indicio.
¡Es inútil! Por las señales que vemos en mi pierna parece que he sido atrapado
por unas grandes y resistentes pinzas. El dolor es insoportable.
El tío saca el botiquín de
primeros auxilios, pero no le ha dado tiempo a levantar la tapa cuando se abre
la puerta de golpe.
No entra nadie, aparece un fondo
oscuro, es noche cerrada. El ruido sigue allí. Loreto está tan sorprendida que
no puede más y grita:
-¡Por favor! ¿Quién está ahí?
Y todos nos unimos a ella
desesperados para tratar de calmar a nuestro visitante, de hacerle saber que no
vamos a causarle daño.
-Conteste, ¡por favor! -dice el
tío.
-Nosotros no le haremos daño
–asegura Bruno.
Pienso que aquella persona o
animal que está fuera sabe que no podemos causarle daño alguno.
-¿Qué pretende? –me atreví a
preguntar.
No obtuvimos ninguna respuesta.
Se ha levantado viento, puede haberse abierto la puerta por ese motivo. Seguro
que mi pierna ha sido atrapada por un cepo o he pisado entre algunos matorrales
y se ha enredado entre ellos. No estamos muy convencidos de nuestras
suposiciones, son para tratar de calmarnos. ¿Y el ruido? -pensamos- ¿Y aquella
fuerza que tiraba de nosotros?
La noche produce ruidos muy
extraños, pero este se oye cada vez más cerca.
Ahora parece que está en la zona
de arriba, se arrastra un cuerpo o eso es lo que nosotros podemos sospechar.
La puerta sigue abierta. Se
acerca apresuradamente hasta ella el tío y la cierra. Apoya la espalda en ella y
respira profundamente.
Yo sigo sentado en el suelo, mi
pierna empieza a entumecerse, la hinchazón va en aumento, aparece y desaparece,
siento que me desmayo…
El cuerpo de arriba sigue
arrastrándose y el ruido se oye más cerca, pero más suave, emite risas de
satisfacción.
Nos situamos en el rincón opuesto
a la escalera por la que se accede a la parte de arriba, nos preparamos para
cualquier suceso. Se oye caer un objeto pesado, ha debido tropezar con algún
obstáculo. El viento sopla cada vez más fuerte, el extraño ruido se percibe cerca…
lo sentimos en la parte de arriba.
Nos aproximamos más el uno al
otro, no sabemos lo que va a ocurrir.
Vemos que mi pierna empeora.
¿Cómo vamos a enfrentarnos a aquello?
Nuestras caras reflejan el
espanto propio de quienes están en peligro, lo que sentimos lo muestran
nuestros aturdidos e incontrolados movimientos.
Aquel ser extraño está cerca de
la puerta que da a la escalera, en cualquier momento aparecerá.
¡De pronto! Vemos un enorme y
horrible bicho asomarse al principio de las escaleras, y yo no puedo moverme, nos
ha lanzado una gran telaraña a modo de red para atraparnos. Mis primos corren
hacia fuera instintivamente. Me encuentro ante un animal espantoso.
Di un salto a la vez que grito: ¡No!,
no me dejéis…
Alguien enciende la luz y trata
de calmarme, he estado soñando.
Me animan porque no pasa nada,
pero estoy sudando en medio de aquella gélida noche. Mi voz sale entrecortada.
Me miro la pierna, se encuentra bien, menos mal.
Empiezo a contarles mi pesadilla
y se preocupan al verme tan asustado.
-Era como una gigantesca araña,
el ruido era terrorífico -les digo- y vosotros querías huir. Pero yo no podía
correr.
-Estamos aquí. No pasa nada, ha
sido un sueño. ¡Ve a dormir con tus primos! –me dice el tío.
Nos quedamos un rato despiertos
los tres porque Loreto quiere que continúe contándoles lo que he soñado. Y sigo
a duras penas hablando para explicarles mi pesadilla y para que se me vaya un
poco el miedo que todavía perdura.
-No tenemos que contar historias
de miedo antes de irnos a dormir -concluye Bruno.
Trato de imitar aquel extraño
ruido para que ellos puedan comprender lo espantoso que era, lo tenía grabado
en mi mente. ¡Los tres sonreímos juntos, llegan las terapéuticas carcajadas que
consiguen calmarme!
Cada cuento cuenta con su
moraleja y esta puede ser una de ellas. Ahora, me dirijo a quien está leyendo o
escuchando estas líneas: olvidemos nuestros miedos ancestrales que nos han ido
contando y contagiando generación tras generación.
Vivamos el presente con auténtica
ilusión, nos cuesta poco y ganamos mucho, aspiremos a convivir en un mundo
fantástico en el que nos permitamos crecer con verdadero amor y en armonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario